• 12:25pm  Erdogan ordena que los estadios dejen de llamarse arena en Turquía

  • 12:20pm  España conmemora en Sudáfrica los 100 años del naufragio del buque Eizaguirre

  • 12:11pm  Principio de acuerdo entre futbolistas de selección y AUF por derechos imagen

  • 12:09pm  Estudiantes y deportistas marchan en apoyo a Constituyente de Maduro

  • 12:08pm  Fernando Alonso concluye el último entrenamiento en la quinta plaza

  • 12:06pm  El euro baja a 1,1172 dólares

  • 12:05pm  Estados Unidos impide el acuerdo sobre cambio climático en el G7

  • 12:04pm  Francia celebra su cuarta Semana de A.Latina y el Caribe con más de 200 actos

  • 12:00pm  El DAX 30 de Fráncfort baja un 0,15 % al cierre

  • 12:00pm  Clasificaciones del Giro de Italia

  • 11:58am  La FAO insta a pensar en lo que hay detrás de la comida antes de tirarla

  • 11:58am  Viernes, 26 de mayo de 2017 (16.00 GMT)

  • 11:57am  Landa triunfa y Nairo le arrebata la maglia rosa a Dumoulin

  • 11:57am  Agenda de EFE América

  • 11:54am  La bolsa española baja el 0,31 % al cierre




Porlamar
26 de mayo de 2017





EL TIEMPO EN MARGARITA 27°C






La rebelión de los malandros
Cada vez se disemina más la percepción de que la explosión continuada de violencia criminal que aprisiona al país, tiene mucho que ver con la consagración de la cultura o anticultura del malandraje.
Fernando Luis Egaña / flegana@gmail.com

5 Feb, 2014 | El gran polemista Domingo Alberto Rangel, pluma privilegiada para desentrañar el acontecer venezolano, dedicó muchos escritos a explicar por qué el auge de la violencia criminal en Venezuela tenía un componente de carácter sociopolítico de primera importancia.

Que no sólo era una expresión acentuada de la actividad delictiva común y corriente en cualquier nación, sino algo diferente; algo derivado de la exacerbación de la confrontación social, en buena parte promovida desde el poder establecido y, en otra, estimulada por el avasallamiento, la desigualdad y la deshumanización de la sociedad de consumo.

Rangel, como marxista coherente, incorporaba la dinámica de la lucha de clases en su explicación general, pero la realidad es todavía más compleja.

En ese mismo sentido, cada vez se disemina más la percepción de que la explosión continuada de violencia criminal que aprisiona al país, tiene mucho que ver con la consagración de la cultura o anticultura del malandraje, con su legitimación política por parte de la hegemonía y con su reiterada justificación a lo largo de muchos años de retórica y proceder oficialista en el siglo XXI.

Uno de los efectos más destructivos de todo ello es el aumento exponencial del porte ilícito de armas, que pasó de 700 mil en el año 2000 a casi cinco millones en 2010 y, hoy en día, cuatro años después, se afirma que la cifra supera los 10 millones.

De allí que la referida percepción esté más que fundada en una trágica realidad.

Por distintos motivos, quizá más pragmáticos que ideológicos, variados jerarcas del régimen imperante, comenzando por el principal, fueron urdiendo por largo tiempo una densa red de intercambios e intereses entre diferentes ámbitos del hampa de arriba y del hampa de abajo, con el poder efectivo del aparato político-económico bajo el comando estatal.

Una malla de connivencias al margen de la legalidad formal, pero en sintonía con objetivos combinados. Los del hampa: que los dejaran hacer y deshacer; los del poder hegemónico: que el hampa no obstaculizara el "proceso" o proyecto de dominación y que más bien fungiera como instrumento de control político-social.

Ello contribuye a comprender que Venezuela se haya convertido en uno de los países más violentos del planeta, al tiempo que sus gobernantes se automercadearan como justicieros o redentores de la opresión social. De muchas maneras se llegó a privilegiar una especie de "paz malandra" o la relativa garantía de que el hampa podría desplegarse y acrecentarse, siempre y cuando no desafiara el poder del oficialismo rojo, del cual, por cierto, en no poca medida formaba parte.

Esas reglas de juego han sido tímidamente afectadas por algunos organismos gubernativos-policiales, ante el clamor nacional por la extrema inseguridad. Y las bandas armadas, los colectivos territoriales y el malandraje de diversa índole, han reaccionado con encono y potenciada violencia. Y la respuesta de la "revolución" ha sido más recursos millonarios para la "pacificación de las bandas armadas".

En pocas palabras, evitar la rebelión de los malandros, así sea a costa de la paz y la vida de los demás. Así estamos.




Contenido relacionado












Locales | Sucesos | Afición Deportiva | Nacionales | Internacionales | Gente Feliz | Vida de Hoy | Juan Griego | Opinión


Nosotros | HISTORIA | MISIÓN, VISIÓN Y VALORES