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26 de junio de 2019





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Decisiones erradas
Los espejismos podrían confundir al caminante desprevenido, si no tiene una vista panorámica, donde decisiones equivocadas y llenas de subjetividad, desencadenarían estrepitosos perjuicios.
Crisanto Gregorio León /crissantogleon@gmail.com

15 Jul, 2015 | Múltiples son las causas conjugadas al momento de tomar una decisión y al no sopesar sus efectos sobre el resto de nuestras vidas, por ser producto de ligerezas o de la exaltación transitoria podrían no ser las más convenientes.

Como entrampados en arenas movedizas, se requiere fuerzas para salir de ellas y prudencia al caminar para no caer.

Los espejismos podrían confundir al caminante desprevenido, si no tiene una vista panorámica, donde decisiones equivocadas y llenas de subjetividad, desencadenarían estrepitosos perjuicios.

El ímpetu exagerado por ideas o posibilidades que estimulan nuestra atención bajo la equivocada concepción de ser beneficiosas, requieren del freno oportuno de la fuerza de voluntad, al ser una decisión de frívolos triunfos y de resultados nefastos.

Antes de errar por una decisión equivocada es preciso tener una visión plenaria de sus aristas y consecuencias. De tal suerte que una decisión tomada bajo la influencia de la apariencia no genere peores males.

A veces las personas se enamoran de una idea sin haberse preocupado por familiarizarse con la realidad que envuelve y el resultado es un nefasto fracaso.

Al tomar decisiones erradas por apresuradas o por inconsultas, aquello que es más importante y tiene mayor valor es dejado de lado o es destruido.

Considerar los elementos que provocan una decisión es un procedimiento acertado hacia el éxito; lo contrario nos llevará indefectiblemente al descalabro.

En el camino a la superación no podemos practicar el ostracismo, por el contrario, debemos abrir nuestra percepción a todo aporte que fomente las mejores decisiones.

Al filósofo griego Sócrates le molestaba mucho ver como las personas de Atenas consideradas sabias, no eran capaces de precisar su propia ignorancia. De allí su famosa frase “solo se que no se nada”.

Debemos estar conscientes de nuestras limitaciones y abiertos a la construcción del conocimiento con la ayuda de otros u otras en la aspiración de tomar las decisiones más acertadas.

Las peores decisiones están influenciadas por instantes de ira o de frustración y no vale la pena mutilar el porvenir por la brevedad de un descontento.

Queridos jóvenes; dejar de estudiar atenta contra la propia moral y consumir drogas son decisiones erradas, ¡cuiden su cuerpo y cultiven su intelecto!




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