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18 de noviembre de 2018





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A correr que viene Donald
En Esparta, la antigua, no la nueva, se quitaban de encima a los patulecos, virolos y boquinetes lanzando por un barranco a todo niño que naciera con esos defectos o alguno parecido, sin darle chance a los padres de buscar un curandero que le enderezara el miembro o el órgano malhecho.
Fredy Salazar | salazarfug@gmail.com

01 Oct, 2016 | En Esparta, la antigua, no la nueva, se quitaban de encima a los patulecos, virolos y boquinetes, lanzando por un barranco a todo niño que naciera con esos defectos o alguno parecido, sin darle chance a los padres de buscar un curandero que le enderezara el miembro o el órgano malhecho. Nada más largaba el recién nacido su primer llanto y enseguida entraba al cuarto la comisión a revisarlo rigurosamente de pies a cabeza, buscando alguna joroba o algún pie revireco. Si estaba derechito, de una vez lo alistaban en el ejército, si no, ahí mismo lo desbarrancaban y se quedaban con el disfrute que le tocaba por haber nacido en la Esparta reluciente.

Esa manía de matar muchachitos como que se la pegaron después a los romanos, quienes en una sola noche recogieron a todos los pelaos que hubieran nacido por ahí inocentemente después del anuncio, y por cuenta del emperador les clavaban un puñal en el pecho y tomaban como adelanto de pago la esclavita de oro que portaba el niño en su muñeca como regalo de su padrino.

Varios siglos más tarde, con el consentimiento del Papa de turno, los cristianos se lanzaron a la calle a ensartar a todos los musulmanes que se cruzaran en su camino y les quedó gustando tanto esa cruzada que la extendieron a los paganos, mundanos, y se salvaron los santeros porque creo que aún no existían. Y luego se repartían sus ropas, sus ovejas y sus mujeres.

Más o menos en paralelo los españoles, portugueses e ingleses empalaron, desollaron y caparon unos miles de indios aquí en la América y se quedaron con todas sus tierras y lo que en ellas hubiere para escarbarlas y enviar a su rey todo lo que fuera de valor.

Pasaron otros tantos siglos y vaya usted a saber qué le picó a los alemanes que la cogieron con los judíos y todo lo que oliera a ellos hasta tres generaciones atrás. Los buscaron por toda Europa y los pusieron en fila para desaparecerlos después de quitarles toda cosa que brillara en su casa y en su cuerpo, incluyendo el oro de los dientes.

Casi un siglo después aparece un tercio en Estados Unidos con posibilidades de gobierno y lo que anda ofreciendo es despachar a todos los latinos, eso sí, sólo los que están limpios, porque los que tienen centavo se pueden quedar allá un rato más hasta que lo gasten.




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