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Porlamar
24 de febrero de 2017





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Se va Obama, llega Trump
A Trump le interesa América Latina por la cuestión del control de la inmigración ilegal, y ello significa, básicamente, México. ¿Le interesa Venezuela? Hasta ahora no ha dado demostraciones al respecto.
Fernando Luis Egaña / flegana@gmail.com

11 Ene, 2017 | La causa de la democracia en Venezuela no tiene mucho que agradecerle a Barack Obama. Al contrario. Más bien trató de estabilizar a la hegemonía roja, sacándola del radar de las preocupaciones internacionales de sus dos cuatrienios. Las infrecuentes iniciativas de condena o sanciones a personajes específicos, no vinieron tanto por voluntad de la Casa Blanca sino del Congreso, que obligaba a Obama a hacer algo, aunque fuera poco. Y en todo caso, Thomas Shannon venía a remendar los capotes.

Podría decirse que en general América Latina no tuvo la importancia que se merecía en la administración Obama. Acaso con la excepción de Cuba, cuya normalización de relaciones diplomáticas fue un espaldarazo al régimen castrista. ¿Eso va a cambiar con Donald Trump? No lo sabemos. Su estilo controversial y confrontacional puede ser sobre todo eso: un estilo. Más forma que fondo. Más alarde que sustancia.

A Trump le interesa América Latina por la cuestión del control de la inmigración ilegal, y ello significa, básicamente, México. ¿Le interesa Venezuela? Hasta ahora no ha dado demostraciones al respecto. El nombramiento del general John Kelly, antiguo jefe del Comando Sur, para dirigir el Departamento de Seguridad, es una mala noticia para Maduro y los suyos.

Pero el nombramiento de Rex Tillerson, exjefe de la ExxonMobil, puede ser una buena noticia para Maduro y los suyos. Cierto que esa empresa tiene querellas contra el “gobierno” venezolano en instancias judiciales internacionales, pero también es cierto que Tillerson buscará un mejoramiento de los precios internacionales del petróleo, para impulsar el desarrollo energético de EEUU.

Y todo lo que signifique más petrodólares es de vital importancia para la hegemonía despótica y depredadora que impera en nuestro país. Las expectativas con Trump son difíciles de formular y más difíciles de predecir. Con Obama era distinto, no había expectativas muy favorables que digamos en cuanto a las posiciones de su gobierno en materias tan claves, como la defensa de los derechos humanos y el derecho a la democracia en nuestra región. Simplemente no le interesaba el asunto.

Si eso puede cambiar de forma significativa o no, sólo el tiempo lo dirá. Mientras tanto, se va Obama, llega Trump, y en Miraflores continúa Maduro, destruyendo a Venezuela y su gran potencial.




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