Porlamar
21 de mayo de 2018





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Un toro mudo
Pero esto no es lo insólito ya que ahorita el robo, el atraco y todo delito, es harto habitual; es lo común y rutinario en esta Nueva Esparta azotada por el hampa.
Jose Rodríguez Suniaga | cheitocarobo@hotmail.com

12 May, 2017 | Nos comentaba Doña Elodia que debe retractarse por afirmar que ha perdido la capacidad de asombro ante tantas cosas increíbles que observa en esta convulsionada sociedad donde nos ha tocado vivir. Y es que se ven tantas vainas.

Resulta, nos sigue relatando D.E., que a un gran amigo nuestro, hombre honesto y trabajador que se ha ganado su vida y levantado una numerosa y hermosa familia ejerciendo el oficio de criar, comprar y sacrificar reses y vender su carne, lo visitaron los amigos de lo ajeno en su pequeño conuco donde pastorea sus animales, y allí mismo le mataron un toro y le dejaron de consolación la cabeza y el tripero del animal, por supuesto, se llevaron toda la carne.

Pero esto no es lo insólito ya que ahorita el robo, el atraco y todo delito, es harto habitual; es lo común y rutinario en esta Nueva Esparta azotada por el hampa. Lo asombroso e “inexplicable” es que todo esto sucedió a 50 metros al frente de la garita del destacamento militar acantonado en La Montaña de Matasiete: nadie vio ni escuchó nada, ni siquiera los guardias de turno, en fin, nadie sabe nada.

Ahora bien, nos preguntamos, ¿es posible que el sacrificio de un animal como éste se pueda hacer sin ruido, si como bien sabemos, los berridos se pueden escuchar a kilómetros de distancia y más aún en el silencio de la noche? Bueno, al menos que el toro sea mudo. ¿Todo lo hicieron en la oscuridad, sin encender ni siquiera un fósforo?

Allí queda eso, quien tenga ojos… quien tenga oídos… y quien tenga, al menos, dos dedos de frente, saque sus propias conclusiones. Después no quieren que los ciudadanos con un mínimo de criterio piensen mal. Estas son las cosas que pasan cuando por el deshonor de algunos, el honor del colectivo, tiende a extraviar su divisa. Por ahora está bueno, hasta el próximo zaperoco.




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