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Porlamar
19 de octubre de 2017





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El tapón
Maduro está taponeado o sostenido por sus patronos castristas, cuya influencia no se debe subestimar, aunque se pueda reconocer que no tiene la misma fuerza de antes.
Fernando Luis Egaña | flegana@gmail.com

17 May, 2017 | Una persona que produce la obstrucción de un paso, nos dice el diccionario, es un tapón. Y Venezuela tiene ese tapón en la persona de Nicolás Maduro, que como dice el refrán, ni lava ni presta la batea. Pero cuidado, sería un error mayúsculo pensar que el gran problema del país es Maduro. Sin duda que él es el símbolo del problema principal o la hegemonía despótica, depredadora, envilecida y corrupta que aún impera.

Por ello, su salida es condición necesaria, pero no suficiente para que Venezuela tenga la oportunidad de iniciar un proceso de reconstrucción nacional. Hay que remover las obstrucciones del paso hacia un futuro radicalmente distinto del presente, y eso pasa, inexorablemente, por la salida constitucional de Maduro. Pero este personaje no es la única obstrucción, es todo un régimen criminal el que debe ser superado, para que fluya el potencial venezolano, en términos de democracia, desarrollo, equidad y justicia.

Maduro está taponeado o sostenido por sus patronos castristas, cuya influencia no se debe subestimar, aunque se pueda reconocer que no tiene la misma fuerza de antes.

También lo parapetean los muchos beneficiarios de la boli-plutocracia hace tiempo que dejó de ser boliburguesía-, que saben que se les acabaría la “manguangua” con el funcionamiento, así sea básico, de un estado de derecho. Y además temen, con razón por cierto, que sus fortunas y sus tribus o carteles podrían enfrentar las exigencias de la justicia, acá en Venezuela o casi en cualquier parte del mundo.

Hay un sector de la población, en franca y decreciente minoría, que aún se identifica con la llamada “revolución bolivariana”, pero más por motivos de añoranza socio-política que por compromisos o lealtades efectivas. Ni Maduro, ni ninguno de sus colaboradores, ni tampoco ninguno de los voceros oficialistas que aspiran a sucederle, tienen el carisma persuasivo del predecesor. Ninguno. De muchas maneras, sobreviven escudados en su publicitada imagen, pero eso no tiene mucha eficacia en medio de una crisis humanitaria, cada día más atroz, y más perversa y más despiadada con los derechos de los venezolanos.

En este sentido, no es admisible que mientras los venezolanos luchan con encomiable coraje para superar la hegemonía, haya supuestos representantes de la oposición en amenas reuniones de trastienda con personeros del oficialismo, en presunta búsqueda de unas “soluciones” negociadas que no son del conocimiento de la población.

Eso sólo ayuda a mantener el tapón. Y removerlo es lo que reclama y necesita Venezuela.




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