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Porlamar
24 de junio de 2017





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Estafa constituyente
Veamos pues las costuras de esta mamarrachada –por decir lo menos- que pretenden hacer pasar de contrabando. En primer lugar, no existe y, en consecuencia, no está contemplado en la Constitución de 1999 -¿la mejor del mundo?- la tan mentada Constituyente “comunal, territorial y sectorial”. Por el contrario, la “bicha” -así bautizada despectivamente por el exceso de rusticidad y chabacanería roja- es clara.
Luis Eduardo Rodríguez | rodriguezluiseduardo@gmail.com

18 May, 2017 | Ninguna sorpresa produjo la estrafalaria iniciativa –que no convocatoria- de Nicolás para promover el llamado a una eventual Asamblea Nacional Constituyente. Los argumentos esgrimidos carecen de solidez, son huérfanos de legalidad y también injustificables desde el punto de vista meramente republicano. Se trata de una burda estratagema propia de un circo político de tercera categoría -con enanos incluidos- para distraer al país de la sanguinaria crueldad y salvajismo con que el régimen ha reprimido a quienes -en su justo derecho, hay que decirlo- protestan por el caos y la anarquía al que nos ha llevado este mal llamado gobierno, claramente inepto y altamente irresponsable y, asimismo, para intentar ganar tiempo ante las cada día más extendidas y masivas protestas ciudadanas que se muestran como el claro principio del fin.

Veamos pues las costuras de esta mamarrachada –por decir lo menos- que pretenden hacer pasar de contrabando. En primer lugar, no existe y, en consecuencia, no está contemplado en la Constitución de 1999 -¿la mejor del mundo?- la tan mentada Constituyente “comunal, territorial y sectorial”. Por el contrario, la “bicha” -así bautizada despectivamente por el exceso de rusticidad y chabacanería roja- es clara. Todo proceso constituyente debe ser a través del voto “directo, universal y secreto”. Intentar otra cosa distinta, como es la de pretender proceder con una elección de segundo grado, es totalmente violatorio de la Carta Magna. Un ciudadano, un voto. Así de simple.

Hay otras connotaciones en esta propuesta que no pueden ser pasadas por alto y que significan un peligro real para la Democracia del país. Las constituciones de carácter corporativistas, como la sugerida, lo que hacen es secuestrar el sufragio ciudadano en provecho de pequeños grupos controlados por el régimen para imponer reglas antirrepublicanas y perpetuarse en el ejercicio de poder. Esta iniciativa madurista no se escapa a esa intención, convirtiéndose no sólo en un fraude constitucional, sino, peor aún, en un mecanismo de control ciudadano. En otras palabras, constitucionaliza la dictadura y entierra la Democracia, traduciéndose en un asalto al poder amparado en una mascarada electoral y ese es, en definitiva, el objetivo final de este plan macabro.

Las razones para tal iniciativa no pueden ser más infundadas. Alegan maliciosamente que es “para lograr la paz, enrumbar la economía y lograr el desarrollo de la nación”. Mentira. Para eso no es necesario ninguna Asamblea Constituyente. Basta con un cambio de rumbo de este gobierno destructor y su regreso al cauce constitucional, que tan reiterada e impunemente viola. Una Constituyente, como reza el artículo 347 de la Carta Magna vigente, es nada más y nada menos que “transformar el Estado, crear un nuevo ordenamiento jurídico y redactar una nueva Constitución”. Palabras mayores, pues.

El régimen, si actuara consecuente con lo que predica y si tanto alega en su vacía y cansona cháchara que cree y promueve la Democracia “protagónica y participativa”, debería entonces ceder la decisión al pueblo y que sea éste quien en referéndum vote si quiere Constituyente o no. Eso sería una clara demostración de hacer descansar la decisión en el único y verdadero poder originario. De no ser así, estaríamos ante un fraude -otro más- de esa cosa amorfa, tramposa y corrupta que llaman revolución. Desde estas líneas le decimos NO a la estafa constituyente.




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