Porlamar
17 de octubre de 2018





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La causa de la causa, es causa de lo causado
Cuando los engranajes de una máquina se desgastan o pierden las muescas, el sistema todo se detiene, se paraliza o trabaja con dificultad al punto de fatigarse. Ya decía el bardo Manuel Machado “fatigas pero no tantas, que a fuerza de muchos golpes, hasta el hierro se quebranta”.
Crisanto Gregorio León | crissantogleon@gmail.com

14 Jul, 2017 | Definitivamente, el caos es hijo de la incertidumbre, en la que nadie espera sino agrias sorpresas, contratiempos, desesperanzas
y donde reina la aviesa crispación. No podemos mantenernos en una sola agonía, en una alarmante pendencia, patidifusos, en un estado de contrariedad. Ninguna sociedad puede avanzar en un desazón persistente, ninguna sociedad sobrevive
en perenne desasosiego.

Cuando los engranajes de una máquina se desgastan o pierden las muescas, el sistema todo se detiene, se paraliza o trabaja con dificultad al punto de fatigarse. Ya decía el bardo Manuel Machado “fatigas pero no tantas, que a fuerza de muchos golpes, hasta el hierro se quebranta”.

Hay una alocución del mundo jurídico, mediante el cual se explican los orígenes de toda consecuencia que suscita daños irreparables o de elevada peligrosidad. Ella es la causa, la que generalmente se evoca en el ámbito penal, para explicar las derivaciones provocadas por una acción o conjunto de acciones. Evidentemente, pareciera un pleonasmo, pero no es así.

Advirtamos, como una persona irremediablemente muere luego de comer de un vegetal envenenado por un producto que al parecer era inocuo para el consumo humano, pero mortal para algún tipo de hongo. Y entonces, lo causado, la muerte, tiene un responsable remoto. Pues no es quien habiendo leyendo las instrucciones del agente fumigante o el producto rociado lo dispersó sobre las verduras, al entender que no sería capaz de causar mortandad.

¿Estaremos en lo cierto?

Buscamos luego, quien vendió el producto como inofensivo al consumo del hombre, y si lo hizo convencido de que no había elementos tóxicos en su composición química, distintos a aquellos que permitieran acabar con una plaga en las hortalizas. Y no encontrando ni dolo malo, es decir; ni malas intenciones, ni algún elemento que involucrara un motivo, entonces se le sigue la pista a quien lo compró para esos fines
y donde lo compró. ¿Y si este a su vez tiene plena coartada? Entonces, nos queda un responsable, el fabricante. Pero, ¿y el modus operandi?

De modo que esto, no es así de fácil ni se resuelve tan deportivamente, hay causas y motivos que tal vez son inconfesables. Hay variedad de complicaciones y complejidades que resolver. Hay conciencias, producto de otras conciencias, hay pléyades de involucrados. Hay autores, coautores, cómplices y encubridores; hay intereses inmediatos e intereses mediatos. Cuando la rutina es el caos, ¿cuál es la causa de lo causado?

Una sociedad solo puede sobrevivir en paz y esa paz se obtiene, entendiendo y dimensionando la causa de lo causado, para ingerir los remedios.




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