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Porlamar
22 de agosto de 2017





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Luces de mi infancia
Hoy, cuando mi niñez juega con mis vejez, evoco sus ilustres nombres para agradecerles sus grandes lecciones y, por haber dado luces a los años de mi infancia.
Tarcicio Rodríguez

12 Ago, 2017 | Una deuda viaja por las rendijas sensibles de mi existencia, en atardeceres de inviernos, cuando evoco un ayer. Ella está presente en el debe y haber del libro de mis cuentas. Es una deuda impagable. No se puede saldar ni con todo el dinero del mundo. Es una deuda que llevo en mi conciencia hasta que la muerte me alcance.

Seis seres especiales son mis acreedores. Ellos, en los primeros años de mi vida, dieron luces a esos caminos oscuros por donde viajaba mi conciencia. Ellos avivaron en mi ser la búsqueda permanente de la esencia de las cosas. Ellos desterraron las tristezas y las soledades que atormentaban mi alma. Ellos me entregaron, con todo su amor y bondad, ese mundo ideal donde debía habitar. Ellos fueron, en verdad, los héroes de mi infancia.
Lourdes Campos, tú escribiste, maestra, en la pizarra virginal de mi niñez, el abecedario y los guarismos que aún gravitan en las cumbres borrascosas de mi conciencia. Te llevo por siempre en el silencio profundo de aquel niño que sigue soñando utopías, en los escombros del tiempo; Annerys Espinoza Bello, tú regaste mis entrañas con agua bendita del manantial de tu ser; Magalis Gil, tú me enseñaste que hay que sacudirse los polvos del camino para atrapar esperanzas; Cruz (Cucha) Bellorín, tú sembraste, en un pedazo de tierra fértil de mi conciencia, la semilla próspera de la sabiduría y el amor; María Emma Quijada (Chicha), tú transformaste la visión del mundo que habitaba. La música era un fuego que ardía en tu cuerpo. En mis instantes de nostalgias, cuando el viento susurra tu nombre, dejo correr el silencio para que no se detenga el viento; Alberto Figueroa, tú me enseñaste que la solidaridad es el valor sublime para alcanzar la hermandad.

Hoy, cuando mi niñez juega con mis vejez, evoco sus ilustres nombres para agradecerles sus grandes lecciones y, por haber dado luces a los años de mi infancia.




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