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Porlamar
19 de septiembre de 2017





EL TIEMPO EN MARGARITA 28°C






No salga de casa sin sus audífonos (¡qué bochorno, cuña'o, qué bochorno!)
Le di reproducir al vídeo y, tal y como si hubiese pasado un ángel, todos los 24 pasajeros sentados y los 16 parados guardaron silencio. De repente el inmenso gemido de una mujer, con sumo placer, llenó todos los espacios del colectivo, "¡ayyyyyyy papiiiiii", se escuchó.
Juan Ortiz | Juanortiz_c | Juanortiz_12

13 Sep, 2017 | Esa tarde, por cuestiones de liquidez económica, me tocó prepararme el almuerzo, no podía gastar dinero en la calle. Como disponía de poco tiempo antes de salir me hice uno de esos platos franceses que me quedan muy bien y que aparte son de fácil preparación: "Le huevé le frité con le pané tostadé". Ese día había cuadrado una conversa con Fagundez, para preparar lo referente a mi show en su local, "El Refugio", en la Redoma de Los Robles. Me llegué a la hora, 3:30 p.m. Daniel preparó un ceviche, tomamos par de copas de vino y todo se concretó genialmente, hasta el maestro Verni Salazar quedó metido en el paquete.

Luego recordé -gracias a un mensaje de texto que me llegó- que tenía una cita con una amiga escritora en el CC Parque Costazul. A las 4:00 p.m. ya estaba rumbo a reunirme con ella. No pasaban buses, como cosa rara en esos momentos en que más lo necesitas, como todas esas cosas en la vida que mientras más les requieres menos aparecen. Pude haberme ido caminando, lo sé -de hecho si fuera vidente y pudiera haberme ahorrado la pena que pasé los instantes posteriores, lo hubiese hecho-, me quedaba cerca, pero en estos días el sol se mudó a la isla, el desodorante no ayuda mucho que digamos y caminar media cuadra con ese calorón implicaba llegar hediondo a mono chiquito al encuentro. Primero tarde que oloroso. Veinte minutos después apareció un bus ruta 6. ¡Qué bien! Respiré un poco.

El armatoste -pues con el poco mantenimiento que le hacen eso parecía- venía full. Era eso o no irme nunca. Me monto como puedo, el chofer dice sus palabras habituales -rellene aquí con la más común para usted- y, luego de ubicarme apretujado frente a una viejita y detrás de un viejito -parado, obviamente, ¡no cabía nadie más!- comienzo a revisar las redes. Como es costumbre había memes -cómicos, los amo-, también la misma noticia del día republicada sesenta veces, más memes, gente criticando a los que no la compartían por no ayudar a que todos lo sepan -como si luego de verla sesenta veces no supieran qué pasó-, más memes, gente desmintiendo la noticia, memes, gente maldiciendo, otros memes; pero luego de cinco minutos de ojear, y ya a punto de llegar a la parada -por Dios que deseo no haber visto ese estado-, veo una publicación que en nada se parece a las demás y que llamó mi atención. Era un vídeo de un choque de un gran camión amarillo -como si Optimus Prime se hubiese mezclado con Bumble Bee-, lo había colocado en su muro alguien serio y confiable, mi cuñado Alfonzo Díaz. Decía textualmente "¡Impresionante!, mayor peñasco".

- ¡No, vale, yo tengo que ver esto! -me dije.

Le di reproducir al vídeo y, tal y como si hubiese pasado un ángel, todos los 24 pasajeros sentados y los 16 parados guardaron silencio. De repente el inmenso gemido de una mujer, con sumo placer, llenó todos los espacios del colectivo, "¡ayyyyyyy papiiiiii", se escuchó. Fue como si el sonido porno más porno del mundo se hubiese apoderado de las bocinas de mi celular, hasta la anciana casi sorda que estaba sentada en la parada a veinte metros de nosotros oyó cada ruido. Mi cara era un poema. Todos voltearon a verme, riéndose unos, poniéndome cara de pena otros, muchos, incluso, de rabia. Poco era que me tragara la tierra. Hice de todo para dar con el botón de "detener reproducción" y, como es común en ese tipo de casos bochornosos, no pude sino diez segundos después. Sí, la escena porno-auditiva duró diez largos e infinitos segundos. Al acabar el momento de placer de aquella mujer las miradas persistían y mi rubor se extendía hasta mi ropa, sólo quería bajarme.

Pensaba en la madre de mi cuña'o, había confiado en él. Cuando por fin llegamos a la parada procedo a bajarme rápido -con la cabeza entre los hombros y las miradas acosadoras encima- y como guinda dorada en la gran plasta se escucha a la señora mayor que tenía en frente minutos antes: "¡Pa' la próxima aguántate y busca un baño, mijoooo!".

Y yo pensando: "Si no hubiese dejado mis audífonos".

Gracias a mi cuñado, Alfonso Díaz, por el bochorno, de lo malo salió algo bueno.




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