Porlamar
23 de septiembre de 2018





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Encarnación (Cachón) Moya: mensajero de la solidaridad
La oración elevaba tu alma al Señor. Ese amor infinito al prójimo. Así te recuerdo Cachón Moya. Esa es la fotografía que guardo de ti, en el álbum secreto de mi niñez.
Tarcisio Rodríguez

10 Oct, 2017 | La Fuente, en Antolín, fue cuna de tu nacimiento. Allí quedó sembrado tu ombligo. ¡Para siempre! Es tu catedral que se levanta como espiga de amor, entre surcos de esperanzas, para entregar los frutos de la vida. Allí, entre el follaje de una naturaleza virginal, sentiste la fuerza telúrica de esa espiritualidad insoslayable que el Creador te regaló.

Padres abnegados, dedicados a las labores del campo, para extraer el sustento y sobrevivir a las necesidades. Aquel conuco, bendecido por la gracia Divina, fue manantial de existencia. Una oración, revestida de fe por lo que se tiene y por lo que se hace, fue cotidianidad en tu hogar. La entrega, en toda su dimensión, al misticismo.

Así fue tu mundo. Un niño rezando, en familia, para tratar de alcanzar el camino de la espiritualidad. Tu apostolado, servir al prójimo. El verdadero legado de aquel hombre de pelo largo, que murió en la Cruz, para la salvación de la humanidad. No sé, pero a veces pienso que esos cerros que bordean la geografía de tu comarca, tienen un enigma. Si me lo permites, puedo decir sin ningún atisbo de duda, que La Fuente es el altar del misticismo en Antolín.

Tu oficio de enfermero te hizo sentir, en lo más profundo de tu ser, esa llama que no quema, pero que aviva el alma, para hacer más humano al humano. Servir sin recibir nada a cambio. Ser solidario. En ese trajín del oficio aprendiste también a "preparar muertos", actividad que ejecutaste con gran maestría. Lo disfrutabas al máximo. En voz baja, era tu tono, contabas a los deudos los intríngulis de tu trabajo.

Hombre flaco. Pelo blanco. Guayabera blanca. Zapatos blancos. Una calilla de tabaco en la boca. ¡Gran personalidad! Esa era tu estampa.

La oración elevaba tu alma al Señor. Ese amor infinito al prójimo. Así te recuerdo Cachón Moya. Esa es la fotografía que guardo de ti, en el álbum secreto de mi niñez.




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