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¡Hay que votar!
La democracia, que estimamos debe ser fortificada y más humanizada para lograr la mayor suma de efectividad posible, tiene precisamente en el voto la espada que con mucha fuerza la defiende. Siempre habrá combate, es natural, contra quienes la adversan ideológicamente. Pero en democracia es dable este enfrentamiento.
Ángel Ciro Guerrero | angelcirog@hotmail.com

13 Oct, 2017 | El voto es tan necesario como el remo al bote, para bien llegar a puerto. También es un salvavidas. Una manera de proteger al país de un porvenir inseguro. Un modo de buscar cambiar y que ese intento no se frustre. Votar es decidir. También darle la mano al país con mucha fuerza, decisión y esperanza en que nuestra ayuda es necesaria y urgente.

Es, asimismo, demostrar que todavía priva en la mayoría nacional la garantía de ser realmente libres, que nada ni nadie podrá desvirtuar o impedir que esa libertad se traduzca en progreso, en paz. Votar es dejar abiertamente en claro que por encima del bienestar colectivo nada que lo afecte, que lo impida, que lo enajene.

Sería un irrespeto con el país no sufragar en esta encrucijada cuando más que en otras circunstancias de la vida republicana, que no toda ha sido fácil, productiva y feliz, el país lo requiere, lo reclama. Negarle el voto a Venezuela significa, sin duda alguna, cerrarle las puertas al desarrollo, al deseo creciente de querer vivir en democracia, que traduce libertad.

Aunque todavía con graves fallas, sin embargo la democracia sigue siendo el mejor sistema de gobierno. Porque el respeto a lo plural, a la dignidad de la persona humana, a sus derechos fundamentales, son sus bases y en ella y por ella Venezuela ha podido avanzar en todo sentido.

La democracia, que estimamos debe ser fortificada y más humanizada para lograr la mayor suma de efectividad posible, tiene precisamente en el voto la espada que con mucha fuerza la defiende. Siempre habrá combate, es natural, contra quienes la adversan ideológicamente. Pero en democracia es dable este enfrentamiento.

Las elecciones de gobernadores, por tanto, abren esperanzas para que las regiones se dispongan a reconquistar su desarrollo. Ojalá que la descentralización, por ejemplo, sea otra vez realidad, que se adhiera a la piel del pueblo y a la tierra, para que la Venezuela provinciana, resurja. Una de las tareas principales del voto es concretar este propósito, precisamente.




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