Porlamar
16 de enero de 2018





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Perdidos en el despacio
La plenipotenciaria, otro recurso tramposo de la dictadura, tiene crédito abierto para hacer y deshacer, bajo la cantaleta humillante y cansona de sus voceros, concebidos a la exacta medida de los requerimientos del estadista de Miraflores.
Mélido Estaba Rojas

28 Oct, 2017 | La nube negra de la decadencia hace lo imposible en su empeño de envolvernos, amainando posibilidades de progreso y confundiéndonos en la inmensidad de la irrealidad socialista. Por dondequiera que usted apunte la mirada, se asoman desesperanza y confusión en un submundo donde abunda lo desgraciado, mientras los valores que siempre acompañaron nuestra cultura, hoy se suman en una escasez tremenda e inocultable, para definir esta crisis alentada por el estúpido aliciente de subir sueldos y salarios como la fórmula más irresponsable de solución.

Será que debemos sufrir -como castigo a nuestra comodidad- la desdicha de vivir perdidos en el despacio. Porque nada funciona (con valiosas excepciones como la matraca y el descaro de funcionarios) mientras la espera por alternativas es un suplicio en la lentitud del "algún día será".

Los servicios públicos nos ubican en límites de calamidad: el agua no llega, los apagones se establecieron, telefonía e internet están raspados en conducta, para comprar el gas hay que caerse a trompadas, el trigo ruso parece otro embuste, los billetes se perdieron y los cheques tienen estrictos límites, la gasolina va y viene, el Clap es un negocio redondito. Ya es redundante hablar de alimentos, medicinas, repuestos, materiales de construcción y…¡qué diablo sé yo!

La plenipotenciaria, otro recurso tramposo de la dictadura, tiene crédito abierto para hacer y deshacer, bajo la cantaleta humillante y cansona de sus voceros, concebidos a la exacta medida de los requerimientos del estadista de Miraflores.

Por allá lejos, entre la bruma del despacito al que nos condena el régimen, sobresale una tal Mesa de la Unidad que pudo haber descongestionado los callejones del fracaso, pero sus impulsores parecen estar más interesados en abanicar discusiones improductivas, mientras los de abajo tenemos el pescuezo cansado de tanto esperar respuestas concretas que incidan en resolver el bochinche.

El desacuerdo se convierte en la constante de los acuerdos y el liderazgo se desgasta en declaraciones vacías y pleitos electoreros, como si no fuera suficiente tener que calarnos varias veces al día las necedades implícitas en cadenas y "mensajes" del gobierno, publicitando un progreso que no se ve por ninguna parte y recordándonos que somos la envidia de otros países que hacen cola para invertir aquí. El cinismo también es apátrida.




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