Porlamar
16 de enero de 2018





EL TIEMPO EN MARGARITA 24°C






Mi hermano Tomás Manuel
Tomás Manuel es un observador de la vida que pasa apurada por su lado, y solo le deja el recurso del lápiz y un cuaderno curtido para sembrar sus notas y almacenarlas, con la humilde esperanza de que algún día sean rescatadas, musicalizadas y puestas a disposición del público.
Mélido Estaba Rojas

29 Oct, 2017 | Asentado entre lo juicioso de la pedagogía provechosa y la habilidad poética -tan natural en nuestra Altagracia- resulta fácil definir al menor de los hermanos entre el racimo de nueve varones y una hembra que cosecharon mis viejos querendones.

Tomás Manuel está descubriendo en sus andanzas de la tercera edad, la inmensa fuente del acontecer literario que vive impaciente por resucitar de su imaginación, que por estos días le domina la existencia y lo ha transformado en un productor travieso de excelente rima y contraste; que amalgama un bondadoso contenido de pícara versación, multiplicada en géneros recurrentes por los escondites de la décima jocosa, y consentidores de cuartetos y sonetos celestiales, solo posibles en el lenguaje de la pericia emblemática del sentimiento amoroso.

Hace poco, su libro "Las vainas de un margariteño" batió límites de ventas en pueblos de Oriente, ensamblado en una prosa ocurrente y narración versada juguetona, con la mojiganga y el entusiasmo isleño. "Los cachos de un margariteño" surgieron como una continuación de la obra, que fue bien recibida por los lectores mayorcitos que gustan de cuentos coloridos. La pluma del Tomás saltó luego con una fábula de película que tituló "El marciano margariteño", una ocurrencia concebida por la mente alborotada de este jatero, que un día egresó de la UDO con su cartón de licenciado en Educación, mención Matemática, y repartió sus enseñanzas y fórmulas en educación media así como en los salones de la casa que lo formó. Hizo postgrado en Andragogía en sus buenos tiempos, y frecuenta reuniones y cherchas con sus habilidosas composiciones, en esta etapa de su vida cuando su pasión es la escritura.

Tomás Manuel es un observador de la vida que pasa apurada por su lado, y solo le deja el recurso del lápiz y un cuaderno curtido para sembrar sus notas y almacenarlas, con la humilde esperanza de que algún día sean rescatadas, musicalizadas y puestas a disposición del público. Tiene cerca de 500 composiciones de todos los estilos, de las cuales seleccionó 130 en el poemario "¡Carajo… si yo cantara!". Sabemos que es capaz de llorar escuchando notas musicales porque ama con pasión inexplicable las buenas interpretaciones, así que voces como las de Carlos Vives o Gualberto Ibarreto le entusiasman el alma. Si alguien quiere compartir comentarios de vida con este personaje, puede llamarlo por el 0416-982.9474. La poesía es buena para el caminante mundano.




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