Porlamar
24 de febrero de 2018





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Alí
En estos tiempos de revolución, querido Alí, el viento dejó de soplar arriba y bajo en torbellinos de cantores valientes como Víctor Jara y Violeta Parra para cantarle a Allende, dejando la montaña de los Andes partida por la mitad, porque este pueblo tuyo ya no es manso y tomó la curiara río abajo para encontrarse con sus hermanos indios y negros y luchar a brazo partido por defender lo nuestro.
Félix Roque Rivero | canaimaprofundo@hotmail.com | @Espartaco2021

9 Nov, 2017 | Una vez a Juancito preguntón le hicieron una pregunta y su respuesta inmediata fue que para responder, lo primero que había que hacer era hablar de Primera, el cantor de Venezuela, que sigue más vigente que nunca. Al cumplirse un año más de tu ilustre nacimiento, Alí, sentimos en la distancia la falta de tu presencia física y de tu canto disparador que no regalaba posiciones, frontal como han de ser las defensas de la patria. Contigo hay que ir rastrojo adentro para escuchar el dulzor de la tonada más que el llanto del llanero. En tu canto siento el renacer de la historia otrora dormida despertada por un tropel de caballos en procura de la paz sin dejar al mundo como está. Por eso tu grito de ayudar a la humanidad.

Frente a la especulación atroz que raspa los bolsillos de las y los trabajadores, Alí, tu llamado a enfrentar a los bachacos fundilluos se impone hoy con más fuerza que nunca, dejando a un lado la impunidad y la hipocresía. Sí, no tanto al bachaquerito que muchas veces se gana el pan revendiendo, no, al bachaco fundilluo mayor que lo manda, que se roba los alimentos que provee el Estado a precios justos y que luego son llevados a una sofisticada cadena de revendedores que hasta lo contrabandean al exterior. Contra ese bachaco mayor hay que ir para que deje de caer la lluvia en las casas de cartón de los más vulnerables y que el obrero deje de arrastrar sus pasos por el peso del sufrir.

En estos tiempos de revolución, querido Alí, el viento dejó de soplar arriba y bajo en torbellinos de cantores valientes como Víctor Jara y Violeta Parra para cantarle a Allende dejando la montaña de los Andes partida por la mitad, porque este pueblo tuyo ya no es manso y tomó la curiara río abajo para encontrarse con sus hermanos indios y negros y luchar a brazo partido por defender lo nuestro.

Ese pueblo ya no solamente vota, ahora participa y es dueño de su destino, vive sumido en constituyentes desplegando todo su poder originario. Porque el pueblo, siendo sabio y paciente, esperó el regreso de Bolívar y se marchó a su encuentro para reclamar todo él lo dejó siendo nuestro y entre la rabia y la ternura se juntaron para matar a la cucaracha y con la esperanza en las manos le entregan a la patria caminos de dignidad. Porque de ti aprendimos, Alí, que la patria es el hombre y la tristeza se ha convertido en fuerzas que ya no le oprimen el alma.

Tus niños, Alí, a quienes tanto les cantaste, esa piel angelical sigue oliendo a caramelos y si hay que hacer la guerra, la guerra se hará para ver a los niños felices y a la gente vieja hablar de la paz y los niños felices serán. Tu amor dulcito por los niños deslumbrado en un beso oloroso a golosina porque el amor no tiene edad. Ojalá, Alí, que la vida que siempre enseña, nos depare una Luna enamorada de un lucero que nos traiga muchos luneritos todos hijos de tu pueblo.




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