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Hay que votar
Abstención es no hacer nada. La abstención electoral no ha servido a los propósitos de quienes la han pregonado en nuestra historia politica. Betancourt pidió abstenerse en las elecciones a la Asamblea Constituyente de 1952. Sin embargo, Jovito Villalba y Caldera aceptaron el reto y en condiciones tan o más adverss que las actuales, desafiaron al régimen perezjimenista y la oposición arrasó en las urnas electorales con el apoyo de los adecos que votaron por la tarjeta de URD.
Luis Longart Guerra | longartguerra51@gmail.com

14 Nov, 2017 | Con responsabilidad y firmeza llamo a todos los que aspiramos el cambio político a votar en las próximas elecciones municipales. No comparto para nada la tesis de la abstención que ha sido sostenida por algunos sectores de oposición. Ya sabemos el carácter totalitario y antidemocrático del gobierno. Sabemos también que el Consejo Nacional Electoral (CNE) es el ministerio electoral del gobierno y que no dará condiciones justas y transparentes en los eventos electorales. Pero, con todas esas condiciones difíciles y adversas hay que votar.

Votar es un derecho consustancial a todo demócrata. Votar significa disputar en el terreno de las ciudades, pueblos, barrios y urbanizaciones el favor de los ciudadanos. Votar es emitir una opinión frente a los gobernantes de turno, en este caso, los alcaldes. Por eso hay que votar.

Abstención es no hacer nada. La abstención electoral no ha servido a los propósitos de quienes la han pregonado en nuestra historia politica. Betancourt pidió abstenerse en las elecciones a la Asamblea Constituyente de 1952. Sin embargo, Jovito Villalba y Caldera aceptaron el reto y en condiciones tan o más adverss que las actuales, desafiaron al régimen perezjimenista y la oposición arrasó en las urnas electorales con el apoyo de los adecos que votaron por la tarjeta de URD.

Fue escamoteado el triunfo de Villalba y puesto preso fue expulsado a Panamá. En los años 60 la izquierda insurreccional encabezada por el PCV y el MIR llamó a la abstención y aquello resultó un rotundo fracaso. Chávez también lo hizo y fracasó hasta que Luis Miquelena lo convenció de formar organización politica para competir con los deslegitimados partidos de entonces. Luego, la oposición cometió el grave error histórico de no participar en las elecciones parlamentarias de 2005 y todos conocen los nefastos resultados.

¿Y ahora vamos a hacer lo mismo con las alcaldías?

Destacamos la falta de unidad y coherencia en las fuerzas del cambio y la unidad es un valor insustituible para emprender una línea victoriosa y en este momento histórico debemos demostrar que estamos dispuestos a relanzar el movimiento democrático.

Pero además, muchos dirigentes opositores han decidido lanzar sus candidaturas y lo hacen bien, solo que deben ponerse de acuerdo en escoger a un solo candidato para competir con el gobierno. Ir divididos es una mala señal que conspira contra los deseos de la mayoría de los venezolanos y le hace un flaco servicio al cambio político.

Tenemos que aprender de los errores. Es hora de reimpulsar un proyecto unitario que conquiste el viraje que tanto necesitamos y seguir alentando la ruta electoral y democrática que junto a acciones de calle y la presión internacional sean el camino para la recuperación de un país que ha sido expoliado y devastado por una minoría perversa, insensata y corrupta.




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