Porlamar
19 de julio de 2018





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Baja producción, precios elevados
El dinero inorgánico anda por esas calles regando las maticas de la inflación, mientras las fuentes de ingreso, tales como aduanales, cancelaciones tributarias y las de nuestra materia prima esencial, se derriten sin tener algún destino cierto como para tender a la solución del inmenso mono que vamos cargando desde hace más de 18 años.
Mélido Estaba Rojas

30 Nov, 2017 | Los límites del descalabro en nuestro país ya fueron sobrepasados hace tiempo, pero el barranco sigue agrandándose insaciable desconociendo elementales lecciones de economía y atendiendo a la terquedad de mantener en el poder a una casta cívico-militar, que maneja con acierto envidiable la maquinaria de la destrucción. Tras el entrampamiento de los recursos, la desdicha y el desaliento saltan como ratones hambrientos para hacer más deprimente la escenografía sobre nuestro territorio.

La palabra producción se esfumó entre la escarcha de motores, misiones y planes, repintada diariamente en cansonas jornadas noticiosas con el cinismo de promesas propias de los gobernantes incapaces. El campo se achicharra en el abandono, las zonas industriales acallaron los rugidos de maquinarias desafiantes, la pesca mira pasar oportunidades, las empresas emblemáticas cojean retorcidas en el fracaso de la mala gerencia y la corrupción. Todo parece contagiado por el comején del desencanto en un transitar de incomprensibles donde destaca la habilidad de los abusadores y el florecimiento de los precios. Un recorrido por el país dice del descuido de las principales vías; las fallas constantes en el suministro de energía eléctrica, o la escasez del agua potable, dejan claro los niveles de incompetencia.

El dinero inorgánico anda por esas calles regando las maticas de la inflación, mientras las fuentes de ingreso, tales como aduanales, cancelaciones tributarias, y las de nuestra materia prima esencial, se derriten sin tener algún destino cierto como para tender a la solución del inmenso mono que vamos cargando desde hace más de 18 años. Los especialistas en el tema han dicho en repetidas oportunidades que el asunto tiene solución, si se adoptan medidas encaminadas hacia el objetivo, pero se imponen intereses inspirados en mantener grupos y condiciones cuyo amamantamiento es en base precisamente de nuestro recurso petrolero.

Las enormes colas en instituciones bancarias, para retirar unos pocos bolívares que no alcanzan ni para comprar un kilo de azúcar, son un botoncito para llegar a entender la negrura que nos está arropando en medio de una depresión, bien definida en todo el sentido de su significado. Las criaturas andan dando carreras en busca de un caucho para el carrito, pero los precios se elevan dramáticamente (no tanto como el cartón de huevos) y nos pone más temblorosas porque el estadista mayor dijo que tiene más sorpresas. ¡Ay, mi madre querida¡ No me subas más el sueldo, porfa.




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