Porlamar
3 de agosto de 2020





EL TIEMPO EN MARGARITA 25°C






La buena Venezuela está allí, detente y escúchala, observa bien
Todos se quedaron perplejos, muchos se tragaron sus palabras, y yo sentí un alivio porque aún hay gente honrada y mientras gente así persista en resistir la vorágine existente de pérdida de valores y respeto, pues, habrá motivos para seguir trabajando por un mejor país.
Juan Ortiz juanortiz051283@gmail.com

20 Dic, 2017 | Estaba haciendo una cola, de esas a las que no debemos acostumbrarnos. Me presenté de segundo, 50 minutos antes de lo convenido para salir rápido de esa diligencia. La hora acordada llegó y no nos atendían. Ya no éramos dos sino un batallón de 20 personas. Los ánimos estaban caldeados. En varias oportunidades había entrado y salido personas. Las caras de cañón lanzaban balas por doquier.

En la puerta decía: "Suspendida la atención al público hasta nuevo aviso". El grupo de personas que estábamos allí, por una contingencia especial, se nos daría atención.

Era normal que llegase gente, leyera el papel, preguntara "¿qué hacen aquí si no habrá atención?", todos les respondíamos al unísono y luego, con cara de molestia, se iban.

Seguía entrando personal. Los ánimos se caldeaban más. Cuando ya habían pasado 25 minutos del tiempo estipulado para ser atendidos llegó un anciano, pasó entre el tropel pidiendo permiso y comenzó a tocar la puerta metálica con la llave una y otra vez, insistentemente. Tenía en sus manos una bolsa plástica transparente con un paquete de galletas Marilú de chocolate y un barniz de uñas. Pasaron cinco minutos más y nadie salía, a pesar de los fuertes golpes en la puerta. La gente empezaba a murmurar. "Este se quiere colear", "seguro quiere ganar indulgencias con galletitas", "¡qué esperanza, todo el día aquí y este llega de una y quiere ser atendido!", "¡qué fastidio con ese ruido!", entre muchas otras cosas se podían escuchar. Total que luego de siete sonoros minutos salió una señora.

-¿Qué se le ofrece, señor?- Dice la mujer detrás de la puerta.

-Señora, buenas tardes, hace unos minutos unas mujeres me pidieron mis servicios como taxistas y dejaron en el asiento trasero esta bolsa, vengo a devolverla. ¿Se las puede entregar?-Dice el hombre.

Todos se quedaron perplejos, muchos se tragaron sus palabras, y yo sentí un alivio porque aún hay gente honrada y mientras gente así persista en resistir la vorágine existente de pérdida de valores y respeto, pues, habrá motivos para seguir trabajando por un mejor país.

J.O.




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