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22 de febrero de 2018





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Crisis y cambio
Lo primero que debemos hacer es enfrentar unidos esta catástrofe. Colocar los intereses del país y su gente como la prioridad en esta lucha. Recuperar la confianza de las fuerzas democráticas es un asunto vital.
Luis Longart Guerra | longartguerra51@gmail.com

6 Feb, 2018 | Todo el mundo democrático está pendiente de la suerte de Venezuela. Muchos observan atónitos cómo una nación próspera y en vías de desarrollo ha devenido en un país arruinado con más alta inflación del planeta y con casi cuatro millones de compatriotas que han emigrado, en su mayoría jóvenes profesionales que no tienen ninguna oportunidad de progresar aquí. Vivimos una crisis sin precedentes en la reciente historia republicana. Jamás habíamos vivido peor.

¿Quiénes son los responsables de este desastre que padecemos todos?

La respuesta no tiene duda ni incertidumbre alguna. Los responsables son los gobiernos que desde 1999 han instaurado un engendro llamado socialismo del siglo XXI que ha resultado el más grande fracaso político y económico de la Venezuela contemporánea.

¿Cómo hacemos para salir de este atolladero histórico?

Lo primero que debemos hacer es enfrentar unidos esta catástrofe. Colocar los intereses del país y su gente como la prioridad en esta lucha. Recuperar la confianza de las fuerzas democráticas es un asunto vital.

Lo segundo es que habrá que esperar el resultado final de la negociación política Gobierno-Oposición para establecer una política a seguir. Por ello, deploro la opinión de quienes critican a los representantes de las fuerzas democráticas con los peores epítetos, sin proponer nada concreto, haciendo un flaco servicio a la causa del cambio político. Lo tercero es la concreción de un plan estratégico para lograr esa anhelada recuperación democrática que consideramos debe ser pacifica y electoral.

Quienes aspiramos al cambio político sabemos que somos una amplia mayoría y que en unas elecciones presidenciales justas y transparentes se impondría por abrumadora votación. La otra salida es la renuncia de Maduro o una vía violenta con más derramamiento de sangre y ya se ha sufrido demasiado.

Resultaría trágico y criminal que el gobierno se empeñe en seguir mintiendo y manipulando, "jugando a los bonos de monopolio", echando gasolina a la hiperinflación en su pretensión de realizar elecciones fraudulentas, sin condiciones mínimas, sin observación internacional confiable, con su descarado y grosero ventajismo, pues no tendría reconocimiento nacional y mucho menos internacional, con lo que estaría dando un peligroso paso al precipicio sin fin de una crisis que solo tendrá en Maduro y su gobierno a sus únicos responsables.

Deben verse en el espejo de la historia como maestra de los pueblos, pero como dice el adagio popular, "no hay peor ciego que el que no quiere ver".




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