Porlamar
19 de octubre de 2018





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Cuidado con las máscaras
En las encuestas para que expresen cuál es en su opinión la cualidad más importante que quisieran hallar en su “hombre ideal”, para toda la vida, por lo general la respuesta resulta siempre la misma: la apariencia física.
Juan José Bocaranda E | jjbocaranda@gmail.com

8 Feb, 2018 | En la vieja India, un sabio maestro se preguntó por qué no hacer partícipes a los demás de sus logros espirituales, después de tantos años de meditación. Así, pues, decidió salir a predicar de pueblo en pueblo. Pero, estando viejo y con pocas fuerzas, utilizó como transporte un robusto elefante. Cuando llegaba a los pueblos, la gente se agolpaba en la plaza, pero todos trataban como sabio al elefante, y como animal al sabio, breve de estatura, escaso de peso y de humilde presencia. El anciano optó por regresar al monasterio, arrepentido de su intento y lamentando que la humanidad se deje sojuzgar por las apariencias. Es que en el mundo, la apariencia reina con evidente despotismo en contra de lo real. Por esto nada más adecuado para la política que la apariencia. Como escribiera Maquiavelo, en los políticos todos ven lo que estos aparentan y muy pocos advierten lo que en realidad son. La apariencia funciona plenamente en la mayoría de las mujeres. En las encuestas para que expresen cuál es en su opinión la cualidad más importante que quisieran hallar en su “hombre ideal”, para toda la vida, por lo general la respuesta resulta siempre la misma: la apariencia física.

Las cualidades morales, como la bondad, la responsabilidad, el respeto, la consideración, suelen quedar en tercer lugar, pues el segundo corresponde a los ingresos económicos. Lamentablemente, muy tarde la mujer viene a percatarse de que la apariencia física no es lo fundamental sino que existen aspectos de mayor importancia, que no fenecen o se marchitan como la lozanía física, víctima evidente del correr del tiempo. Cuando la atención se centra únicamente en el vigor sexual se desemboca en lo que Wilhelm Stekel llama “matrimonio rojo”: al cesar la pasión la relación decae y llega el final. Muchas mujeres no quieren comprender que el concepto de hombre debe ser pleno. Cuando es parcial o incompleto, revientan las fallas y llega el fracaso. La relación se resquebraja, el saco se rompe por las costuras. El hombre es, en conjunto, un ser bio-psico-social, cultural, moral y espiritual, aspectos que la mujer, si fuese consciente, racional, previsiva, debería considerar para no caer en los lamentos... (ni en las “mentadas”).

Conseguir un hombre no es comprar un burro. Cuando alguien desea comprar un burro, no se plantea cuán inteligente, bondadoso y fiel pueda ser. Únicamente le interesa si es fuerte para cargar. Por aplicar este criterio erróneo, meramente físico, la mujer inconsciente, superficial y casquivana, comete una terrible estupidez, pues buscando un marido voluminoso, sólo encuentra un burro, aunque sólo tenga dos patas. Cuidado con las máscaras. De carnaval o de cuaresma, siempre da lo mismo: jamás dicen la verdad...aunque abunda la gente a la que agrada el engaño. Masoquistas morales.




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