Porlamar
18 de febrero de 2018





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¡Que nadie se equivoque!
La utilización de niños y adolescentes con fines propagandísticos es contraria a las leyes nacionales, pero como siempre, a Maduro y los suyos eso poco les importa; y mucho menos al fiscal Tarek, a la Defensoría del Pueblo, ni a ninguna de las instituciones que deben velar por el sano desarrollo y protección de los menores. Todos ellos voltean hacia un lado, haciéndose los locos ante tan asqueante realidad, o lo que es peor, avalando por omisiva acción la inicua práctica.
Carlos Villalba Luna | villalbaluna@gmail.com

13 Feb, 2018 | El madurismo utiliza como una de sus armas, además de la represión y el encarcelamiento ilegítimo, la amenaza constante contra los ciudadanos que se atrevan a opinar sobre la desastrosa situación que vive Venezuela, cuestionar cualquier decisión del mandatario, o simplemente a manifestar su parecer, como sucedió con Enrique Aristeguieta, a quien por vía del abusivo Sebin, metieron preso sin respetar sus más de 84 años, como mensaje directo a quienes, de cualquier edad, pretendan decir a viva voz lo que piensan de tan infausto régimen.

Para tan retorcida intención, el gobierno no escatima esfuerzos y tampoco deja de lado cualquier maquiavélico medio, llegando al extremo de utilizar hasta a los niños para afirmar su premisa. Así vemos en televisión y escuchamos en radio a un grupo de pequeñines –imaginamos que hijos o nietos de enchufaos- defendiendo sin saber por qué al gobierno y hasta profiriendo disparatadamente la amenaza favorita de Maduro y los suyos, del "¡que nadie se equivoque!", contra el resto de los nacionales que no son fichas de su parcialidad o que están en contra de la destrucción sistemática del país y de la miseria que se apoderó inmisericorde de los hogares venezolanos.

La utilización de niños y adolescentes con fines propagandísticos es contraria a las leyes nacionales, pero como siempre, a Maduro y los suyos eso poco les importa; y mucho menos al fiscal Tarek, a la Defensoría del Pueblo, ni a ninguna de las instituciones que deben velar por el sano desarrollo y protección de los menores. Todos ellos voltean hacia un lado, haciéndose los locos ante tan asqueante realidad, o lo que es peor, avalando por omisiva acción la inicua práctica.




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