Porlamar
17 de noviembre de 2018





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Esto no es juego
Atendidos y mantenidos, con los mismos privilegios de los venezolanos y en algunos casos superiores. Con derecho a la salud, a la vivienda subsidiada, a la educación, al trabajo. Eso se le olvida al inefable presidente Santos, lamesuelas del imperio.
Mireya Mata | mireyamatanota@gmail.com

14 Feb, 2018 | Estamos amenazados, cercados y a punto de una invasión, por parte del imperio y sus lacayos. Es la realidad. Primero vino el secretario de Estado, Rex Tillerson, y ahora el jefe del Comando Sur, Kurt Tidd. Debemos estar alertas. Esto no es un juego. Somos víctimas de ataques permanentes a nivel externo e interno. Nos agreden y satanizan con mentiras para justificar la agresión. Estamos sometidos a un plan conspirativo, lamentablemente con el apoyo de nuestros vecinos más cercanos, ingratos y malagradecidos. Ni hablar de nuestra oposición que no firmó el acuerdo y embarcó hasta a sus propios seguidores, que hace tiempo no confían en ellos. Roy Chaderton los califica de farsantes y estafadores. Una banda de bobos. Tiene razón.

Materia especial la del gobierno colombiano que no descansa en programar toda clase de maldades, como si fueran pocas las que nos han causado hasta ahora. Los muy descarados abultan las cifras de emigrados de aquí para allá, atribuyéndola a la crisis que es propia de ellos, sin acordarse de sus malos gobiernos, causantes del mayor éxodo que país alguno haya tenido, sobrepasando los 10 millones en todo el mundo, de los cuales más de cinco millones hemos recibido en Venezuela. Atendidos y mantenidos, con los mismos privilegios de los venezolanos y en algunos casos superiores. Con derecho a la salud, a la vivienda subsidiada, a la educación, al trabajo. Eso se le olvida al inefable presidente Santos, lamesuelas del imperio, quien ahora se presta para la invasión, con las bases militares permitidas por los gobiernos de la oligarquía, que han entregado la soberanía de ese país. Piensan que vamos a hacer lo mismo y lo vamos a permitir, sin recordar que somos hijos de Bolívar y de Chávez, entre tantos libertadores a los cuales debemos nuestra dignidad e independencia. Ellos también nos deben lo que son, pero llevan en la sangre la traición, tal como hizo Santander. La verdad es que le retiramos el calificativo de hermanos, no al pueblo noble de Colombia, que también es víctima, sino a los gobernantes oligárquicos entregados al imperio. Bien decía nuestro poeta Luis Mariano Rivera: "Al malagradecido, mejor que lo mate Dios". Venceremos.




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