Porlamar
15 de agosto de 2018





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Noche de grillos; Aneih, Ajurb y Atnafele
Por las noches solo se escuchaba la estridulación de los grillos machos que causaban expectación en el pasaje de la planicie de esas desventuradas tribus.
Crisanto Gregorio León | crisantogleon@gmail.com

14 Feb, 2018 | Oprobiosos exterminios experimentaba la tribu, muertes estériles y sacrificios inútiles, que solo alimentaban la jactancia y la prepotencia del triunvirato que pisoteaba la dignidad de su gente.

Era la total desolación, los guerreros habían perdido la batalla del honor, de la moral. El esprit de corps no tenía cohesión, solo la tristeza y la desilusión eran los huéspedes de aquellas tribus que se habían sometido y entregado a un destino cruel, impropio e improductivo.

La maldad de Aneih, con su sonrisa sarcástica y burlona, era un desprecio a la dignidad humana salvo que se tratase de la suya, ninguna otra valía. El resto de la tribu era mansedumbre para el azote de Aneih quien pisoteaba y humillaba impunemente.

Ajurb, parsimonia con bajo perfil; es discreta hechicera que embelesa a la tribu con sus maléficos conjuros, aliábase silentemente con los pilotes para mantener su hegemonía. Como una nube negra que se encarga de sombrear la luz del sol, era ponzoñosa alimaña que escupía veneno y causaba ceguera. Permanecía de bajo perfil y con ese camuflaje era discreta pero poderosa nigromántica malvada.

Atnafele, de lerdo caminar, atentaba contra todo lo sacrosanto. Histriónica anfitriona ante los eruditos y los embajadores; mantiene celosos repartos entre las ganancias que recoge a través de los infiltrados en la cosecha del holocausto.

Pero es que pesaba sobre el éxodo de esas tribus un ancestral anatema por la práctica de hechizos, idolatrías, espiritismo, ocultismo, satanismo, conjuros, brujerías, espiritismo, nigromancia, invocaciones demoníacas y apostasía.

Por las noches solo se escuchaba la estridulación de los grillos machos que causaban expectación en el pasaje de la planicie de esas desventuradas tribus.

El hacedor del universo, el único Dios verdadero, un Dios celoso, solo esperaba la genuflexión colectiva de su gente para restablecer las bendiciones que otrora manaban de esas tierras.




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