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19 de julio de 2018





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La formación ciudadana en el contexto pedagógico
El concepto de formación ciudadana deviene históricamente en el amasijo sociocultural donde se entretejen redes de relaciones entre el poder y los saberes al interior de la dialéctica y complejidad de la vida misma.
Marisela Prieto Berbin

10 Abr, 2018 | La noción de la formación es clave para las ciencias de la educación y para la pedagogía, cuando comprendemos que no sólo abarca lo instruccional, sino desde la esencialidad del ser, su potencialidad para lograr la transformación de sí mismo, de su interioridad, como espacio de libertad interior. Allí, se propicia el desarrollo pleno de la persona, un ser autónomo, colaborativo, solidario, tolerante, abierto al mundo y a la transcendencia, capaz de percibir lo real y maravilloso de su mundo de vida.

Por lo tanto, formarse es darse al otro. Es reconocer al otro como un verdadero otro. La formación también refiere a la forma, a la transformación, del devenir siendo. Es un concepto cultural que pone a la experiencia en el centro de la historia de un sujeto. Interpretar el concepto de formación es apreciar su complejidad, su constitución por ese entramado de relaciones dialécticas entre lo político, lo ético y lo estético. Una categoría siempre en conformación que involucra lo socio-simbólico por su enorme carga de representación del mundo de los sujetos.

Dichos elementos se entrelazan a lo largo de la vida de los sujetos, al constituirse como portadores y constructores de saberes, valores, creencias, normas e instituciones, entre otros. En este proceso, juega un papel importante la transformación de los hombres y mujeres de las sociedades. La formación constituye un punto de debate y polémica donde convergen distintos enfoques, concepciones o fundamentos disciplinarios y multirreferenciales ligados a condiciones cambiantes de cada momento histórico.

El panorama de la escuela es objeto de crítica y reflexión en la contemporaneidad, por lo cual se transforma en la expresión más acabada de un pensamiento pedagógico vinculado a dirigir esfuerzos para formar en función del tener y no del ser, respondiendo sobre determinadas normas sociales, donde una cultura impone sus esfuerzos hacia un aprendizaje enciclopédico (aprenderlo todo), orientados por un orden jerárquico, marcado por la presencia del docente que imparte el conocimiento fragmentado, que se sabe de muchas cosas pero a veces está carente de integración y comprensión ante un estudiantado inquieto, apático, distraído y/o silenciado.

La formación reconoce que el hombre se desarrolla, se forma y humaniza no por un moldeamiento exterior sino como enriquecimiento que se produce desde el interior del ser, como un despliegue libre y expresivo de la propia espiritualidad que se va forjando desde el interior en el cultivo de la razón y de la sensibilidad, en contacto con la cultura propia y universal. Los conocimientos, aprendizajes y habilidades son medios para formarse como ser espiritual. La formación es lo que queda, es el fin perdurable, a diferencia de los otros seres de la naturaleza, “el hombre no es lo que debe ser”, como decía Hegel, es por eso, que la condición de la existencia humana temporal es formarse, integrarse, convertirse en un ser espiritual capaz de reconocer en los demás la dignidad racional, como semejantes, como base de la fraternidad y la justicia.


El concepto de formación ciudadana deviene históricamente en el amasijo sociocultural donde se entretejen redes de relaciones entre el poder y los saberes al interior de la dialéctica y complejidad de la vida misma, lo que apertura las posibilidades hermenéuticas de transformación, diversidad, subjetividad y cambio; y nos impulsa a comprender el comportamiento de los sujetos docentes en una línea de horizonte epistemológico.

Analizar e interpretar la formación de estos tiempos es considerar la modernidad para repensar en una formación otra; porque para algunos se trata de que la modernidad posibilita al sujeto de una manera simple, de apropiarse del conocer de manera ideológica, lineal en un orden preestablecido, produciendo un modelo de admitir la realidad de forma verificable y de comprobación metódica.




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