Porlamar
22 de septiembre de 2018





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La “cajita” corrupta
El CLAP es, y lo determinan las averiguaciones, fuente inagotable de corrupción, en donde unos cuantos vivos privilegiados a dedo, están desangrando a la nación. El País, diario español caracterizado ―como todo buen periódico― por decir siempre verdades, probadas una a una, acaba de destapar una olla más cuyo podrido contenido venía siendo ocultado desde que el CLAP está funcionando.
Ángel Ciro Guerrero angelcirogotmail.com

13 Abr, 2018 | No es otra que la del CLAP. En su interior, aparte de los escasos productos, de pésima calidad la mayoría, todos importados a precio exagerado y en Venezuela vendidos igualmente con exceso, la corrupción también viene empaquetada ocupando destacado espacio.

Son muchas las denuncias que, dentro y fuera del país, se formulan a diario y el titular del programa solo se ocupa en recomendar la crianza de conejos y de chivos, pero muy poco de averiguar los negocios que con el CLAP hacen algunos “robolucionarios”. Los pocos presos son apenas rateritos, mientras los grandes ladrones y mafiosos andan libres, forrados de verdes billetes. Además de la vergonzante exclusión que los coordinadores del programa en barriadas y urbanizaciones llevan a cabo para favorecer apenas a los rojos.

Por ejemplo, la caja no les llega, desde hace meses, a quienes habitan en apartamentos en algunas zonas de Porlamar y también en urbanizaciones. La excusa: los residentes en edificios son ricos, no necesitan ni la bolsa ni la caja. Así lo dicen.

El CLAP es, y lo determinan las averiguaciones, fuente inagotable de corrupción, en donde unos cuantos vivos privilegiados a dedo, están desangrando a la nación. El País, diario español caracterizado ―como todo buen periódico― por decir siempre verdades, probadas una a una, acaba de destapar una olla más cuyo podrido contenido venía siendo ocultado desde que el CLAP está funcionando.

La información, con pelos y señales, descubre el enorme negocio que en España un allegado a la revolución hace comprando productos a bajo precio allá para vendérselos aquí a precio inflado al gobierno de Maduro.

Ojalá que el antes denunciador de oficio y ahora infatigable fiscal general compre El País, me refiero al diario madrileño para que, diligente, averigüe lo que ocurre a sus anchas y cuidadas espaldas de halterofílico, y logre que la justicia castigue a los culpables. Se me olvidaba decir que el presidente de Panamá advirtió, días atrás, que hay una alta autoridad venezolana haciéndose millonaria con el hambre del pueblo.




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