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19 de julio de 2018





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La vida alegre de la "nueva clase" venezolana
Muy propicio igualmente ése ámbito para darle pábulo a una infinita variedad de coloridos y ciertos o exagerados rumores. Chismes hay por doquiera. Pasa que esa crónica interesa también sobremanera y es absolutamente necesaria, a la hora del análisis de las causas de la actual tragedia económica y social venezolana.
Walter Castro Salermo | walterjosecastro@yahoo.es

14 Abr, 2018 | Despejado ya en texto anterior y aplicado a la actual realidad venezolana, con el auxilio de consagrados estudiosos de las ciencias sociales y del marxismo en el siglo XX -León Trotsky, Antonio Gramsci, Milovan Djilas-, el problema del concepto de la "nueva clase" social que detenta la hegemonía durante el periodo histórico de la implantación del "socialismo", es útil exhibir ahora el suntuoso y alegre tren de vida en que están montados e instaladísimos sus miembros. No se trata de incursionar y aventurarnos en campo tan ajeno al nuestro, como lo es el de la llamada "crónica social". Terreno fértil para ser sembrado siempre de ocurrencias sorprendentes y jocosas e innumerables frivolidades.

Muy propicio igualmente ése ámbito para darle pábulo a una infinita variedad de coloridos y ciertos o exagerados rumores. Chismes hay por doquiera. Pasa que esa crónica interesa también sobremanera y es absolutamente necesaria, a la hora del análisis de las causas de la actual tragedia económica y social venezolana. Pero para realizar aquel, es imprescindible la observación previa del comportamiento ético y político de la "nueva clase". Su mendacidad y cinismo al sostener un doble discurso. Uno frente al mudo y crítico espejo de la opinión y el escrutinio de la ciudadanía. El otro, clandestino, soterrado, en el goce de extravagantes y costosísimos privilegios.

¡Qué severo contraste revela y acusa la torrentosa verborrea sobre la utopía e ideal del socialismo (la teoría) del presidente Nicolás Maduro y de los áulicos y componentes de la nueva clase, y el saudita, fabuloso, alegre tren de vida que llevan y en el que andan (la praxis o práctica) ¡Los lujosos sitios donde residen y festejan, los alimentos y bebidas que consumen, los viajes, la vestimenta, calzado, coches y aeronaves y embarcaciones, las colocaciones de cuantiosos fondos ilícitos en paraísos fiscales. De allí la crisis. Ahí es donde están sus signos evidentes. Corrupción rampante, malversación de fondos públicos, tráfico de influencias. Consecuencias: El envilecimiento de la moneda. El disparo de los precios hacia la estratosfera, sumiendo a la mayoría de la población en tensión e incertidumbre ante el hambre y la miseria. Deterioro y colapso de los servicios públicos más elementales.

Algunos ensayistas y observadores (Sergio Dahbar: "Así viven los ricos en Venezuela"), han escrito en fecha reciente la crónica de esos dos países que coexisten perversa y peligrosamente hoy en Venezuela. Lo han hecho trayéndonos como referente el gran clásico del cine de la Segunda Guerra Mundial. La película "Casablanca" (1942), de M. Curtiz, con el genial Humphrey Bogart e Ingrid Bergman protagonistas. El Café "Ricky" como gota coagulada en el vaso de un mundo en sufrimiento y crisis. Allí, gente elegante, héroes y truhanes, come caviar y bebe champán. Alrededor o enfrente, el turbulento y sufrido mundo de la guerra. En Venezuela tenemos hoy por un lado a una masa depauperada, en estado crítico, cubierta con andrajos, desasistida, servible solo para ser carnetizada y llamada a votar. Del otro, la "nueva clase", pendiente solo de sus privilegios y en su mando. Llevando su vida alegre.




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