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14 de diciembre de 2018





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La enfermiza vanidad, la jactancia y prepotencia
Lo hiciste, nadie te ha pedido que des las razones, todo quedó en evidencia, y aún así insistes en demostrar que no eres culpable y ni los afectados están interesados en que te expliques. Entonces, ¿por qué insistes en presentar escapatorias?
Crisanto Gregorio León | crissantogleon@gmail.com

14 Abr, 2018 | Excusa no pedida, culpabilidad manifiesta. Este aforismo es recogido en la expresión latina "Excusatio non petita, accusatio manifesta". Y que a los abogados nos es tan familiar al escuchar los esclarecimientos que se vuelven contra su dueña o dueño. Deja al descubierto a la persona culpable cuando da explicaciones y argumentaciones respecto de lo que no se le ha pedido aclarar o de aquello de lo que no se le ha solicitado ninguna justificación.

Lo hiciste, nadie te ha pedido que des las razones, todo quedó en evidencia, y aún así insistes en demostrar que no eres culpable y ni los afectados están interesados en que te expliques. Entonces, ¿por qué insistes en presentar escapatorias?

Pero es tanta la evidencia de tu culpabilidad que corres impulsivamente a decir ¡yo no fui! No aclares que oscureces, pues a medida que arguyes más la embarras. Incluso hasta te las ingenias para que te escuchen por la fuerza, obligando a otros a presenciar tus explicaciones y calarse tu retórica.

Hay quienes insisten en dar explicaciones para disipar su culpa, la cual es flagrante. Mientras otros, no quieren disipar su culpa sino enseñorearse en su propia felonía, por no sentirse culpables de lo que han hecho o dicho, pues el engreimiento y la soberbia les tienen encarcelada el alma. La culpa no le es motivo de pena, sino de jactancia y arrogancia; porque no ha habido culpa sino malas intenciones. Es como si afirmaran así: -yo lo hice soy culpable, ¿y qué?-, pero no asumo la culpa, por el contrario me regocijo en ella.

Recuerdo los cantos populares españoles, que no lo eran por ser motivo de pena ajena, sino de la propia culpa que carcome el alma y que sentenciaban igualmente los gauchos, "nadie descubra su pecho por dar alivio a su pena, que el que su pecho descubre, por su boca se condena".

Solo que las penas de algunas personas son encabritamientos por sentirse descubiertas de lo que siempre han hecho bajo perfil, quebrantando toda norma moral o ética, los usos sociales, la religión o el Derecho, y peor aún en contra de la vida que todo lo cobra tarde o temprano y entonces, ante tal escarmiento de su propia conciencia al quedar su juego expuesto, deciden perseguir abiertamente a inocentes, convirtiéndolos en víctimas, argumentando una potestad efímera y circunstancial, que solo es vanidad y enfermiza posición. He aquí la causa de quien insiste en dar explicaciones a quienes no quieren oírlas y ni siquiera las han pedido. Porque al aclarar oscureces. Y en manos de este triunvirato, la vanidad, la jactancia y la prepotencia, se lavan la conciencia.




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