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21 de mayo de 2018





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A costa del hambre y la muerte del país
Todos quieren entre todos arrancarle la tajada más gruesa posible al otro. Nos estamos convirtiendo en una suerte de salvajes caníbales en donde cada miembro de la tribu se pelea por el mayor trozo de carne del hombre que está en las llamas –que somos todos los venezolanos-. Todos quieren quedarse con el más grande y grueso tolete posible, sin importarle descuartizar al otro. Se banaliza la honestidad y se premia la maldita viveza criolla, que ahora es peor.
Crisanto Gregorio León | crisantogleon@gmail.com

10 May, 2018 | A costa del hambre y la muerte del país, unos en perjuicio de todos, amasan grandes y groseras ganancias que los deshumanizan y mutilan la vida del que vive en esta tierra. Nos estamos destruyendo.

Todos quieren entre todos arrancarle la tajada más gruesa posible al otro. Nos estamos convirtiendo en una suerte de salvajes caníbales en donde cada miembro de la tribu se pelea por el mayor trozo de carne del hombre que está en las llamas –que somos todos los venezolanos-. Todos quieren quedarse con el más grande y grueso tolete posible, sin importarle descuartizar al otro. Se banaliza la honestidad y se premia la maldita viveza criolla, que ahora es peor. Esta viveza criolla se ha metamorfoseado en una suerte de mafia en la que la barbarie y la iniquidad están aderezando cada episodio de la vida del venezolano y del extranjero que vive aquí. Se ha desfigurado, se ha desnaturalizado la idiosincrasia del venezolano. Se vive en una perenne zozobra de toda índole, donde el día a día se gesta en una especie de jungla entre hienas, tigres y leones, en fin los más grandes depredadores sobre la tierra, todos quieren destrozar al cervatillo, todos arrancan el mayor pedazo del otro. Pero por Dios, esa es la selva, la jungla y no debiéramos comportarnos como si estuviéramos en ella. Lo espiritual está cediendo ante lo animal, pues para quienes opinan que el hombre es un animal, no olviden que es capaz de superar toda animalidad, es capaz de crear cultura y civilización y los venezolanos nos estamos comiendo unos a otros, nadie quiere ceder, no hay recíprocas concesiones, todo el mundo quiere el mayor pedazo de lo que haya que arrancar. Se está perdiendo la venezolanidad, se está yendo por un despeñadero el espíritu que siempre ha caracterizado al nacido aquí. El venezolano está destruyendo al venezolano y se ha convertido en su peor enemigo. ¿Qué cosa tan dañina nos ha teñido el espíritu? No hay la colaboración mutua para salir a flote como país, pues cada quien quiere desde su barrera estafar al otro, obtener el mayor lucro grosero posible. Nadie quiere "perder" y en ese afán de querer arrebatarlo todo, estamos perdiendo a Venezuela. Como nación debemos cada cual, cada quien, como un alma colectiva, retomar los valores que nos legaron nuestros abuelos. Porque se han perdido los valores. Lo que privan son disvalores y las peores costumbres y mañas importadas. Son los disvalores los que nos está destruyendo. Pareciera que prefieren una Venezuela atávica que a una Venezuela enrumbada y a la par de los países de pujante cultura civilizatoria en la que sus ciudadanos son garantes de la moral y las buenas costumbres, del esplendor de su sociedad. Venezuela está dejando de ser Venezuela para convertirse en un país extraño, raro, con una siniestralidad escandalizante.




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