Porlamar
19 de septiembre de 2018





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La rebatiña del desespero
Los marcadores económicos huyen de toda regla real, porque hemos batido los récords negativos y vamos por más, sin que alguna conciencia –del entorno gobiernero- con un mínimo de prudencia y sensatez, se arriesgue a cantarle la verdad al causante de la desdicha en la que se mueve el país.
Mélido Estaba Rojas | melidoestaba@gmail.com

12 May, 2018 | La degradación levanta sus alas desde todos los rincones de esta patria, mostrando los efectos de desidia e incapacidad, muy difíciles de esconder. Nada parece estar en su justo lugar y todo atiende a la descomposición elemental del fracaso, arropándonos con el frío presentimiento frente a una sociedad que sucumbe custodiada por el desorden y los desaciertos gubernamentales. Los preceptos que tantas lecciones inspiraron en un colectivo sumado a la producción como signo de prosperidad, han ido retrocediendo hasta nublar el camino con testimonios irrefutables de irresponsabilidad. La empresa petrolera es el mejor botón que muestra la catástrofe, inspirada por el accionar de bandidos y corruptos insaciables, que disfrutan impunemente beneficios aquí o acurrucados en el exterior. Escasos 39 pozos se esfuerzan para producir el millón y medio de barriles diarios, alejándonos de las posibilidades reales de avance, mientras los ojos del derroche apuntan hacia el "Arco Minero" para diezmarlo con la explotación irracional y comprometida, que por esa vía en pocos años ofrecerá un tétrico mapa de destrucción en aquella zona.

Los marcadores económicos huyen de toda regla real, porque hemos batido los récords negativos y vamos por más, sin que alguna conciencia –del entorno gobiernero- con un mínimo de prudencia y sensatez, se arriesgue a cantarle la verdad al causante de la desdicha en la que se mueve el país. La locura del régimen por mantenerse, lo lleva a la emisión desmesurada de dinero inorgánico que se pierde en el saco roto de la hiperinflación, alentada por la manía irracional de incrementar el salario o inventar bonos, haciendo que resulte peor el remedio que la enfermedad.

Mientras los burócratas revolucionarios gozan desde sus posiciones de aplaudidores y repetidores de consignas, la población padece de apagones diarios gracias a la inoperancia de los sistemas por falta de mantenimiento; la escasez de agua potable causa daños extremos, la distribución de gas doméstico no funciona, el desorden en la fijación de precios arruina a los hogares, el sufrimiento de los enfermos graves a las puertas de centros asistenciales es inmoral, las colas en los bancos por un poco de dinero es inexplicable, el transporte público está en las últimas. En este bochinche de carencias nos preguntamos cómo diablos subsistirá el bojote de constituyentes, que llegaron allí por obra de las maromas ventajistas, y que a lo mejor no les alcanza el sueldo para vivir, no les llega la bolsa del CLAP y mucho menos Maduro les asigna bono. ¡Pobrecitos! El populismo rastrero es un arma peligrosa.




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