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21 de mayo de 2018





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No a la farsa del 20M
Es bueno aclarar que nunca hemos sido abstencionistas y confesamos que cometimos un grave error político al no participar en las elecciones parlamentarias de 2005. Pero, hoy el contexto es distinto, porque la hiperinflación, el desastre de los servicios públicos, el hambre, la miseria, la falta de medicinas, la producción nacional en bancarrota por la política de expropiaciones y control del gobierno, la migración a raudales del talento joven ante la falta de oportunidades, y otras calamidades, han convertido al país en un verdadero desastre que ha hecho metástasis en su cuerpo político y social.
Luis Longart Guerra

15 May, 2018 | El parapeto electoral convocado por el gobierno para este domingo 20 de mayo no puede ser calificado de elecciones, es un acto de fariseísmo político, un fraude electoral, ni más ni menos. El mundo democrático nacional e internacional ha advertido de forma reiterada y contundente que no reconocerá unos resultados producto del ventajismo, la trampa y la manipulación. Así que no habrá legitimidad alguna para esta nueva arbitrariedad de este régimen autocrático.

En el plano nacional no pueden estar equivocados los análisis y reflexiones de la Conferencia Episcopal, la Asociación de Rectores Universitarios, Fedecámaras, Confederación de Trabajadores de Venezuela, Movimiento Estudiantil, Asociación de Profesores Universitarios, Academias, organizaciones no gubernamentales, gremios profesionales, partidos democráticos agrupados en la Mesa de la Unidad Democrática y buena parte del chavismo disidente que rechazan este sainete electoral. Por su parte, la comunidad democrática internacional tampoco reconocerá este proceso extemporáneo y tramposo. El gobierno está entrampado en su propia maniobra.

Es bueno aclarar que nunca hemos sido abstencionistas y confesamos que cometimos un grave error político al no participar en las elecciones parlamentarias de 2005. Pero, hoy el contexto es distinto, porque la hiperinflación, el desastre de los servicios públicos, el hambre, la miseria, la falta de medicinas, la producción nacional en bancarrota por la política de expropiaciones y control del gobierno, la migración a raudales del talento joven ante la falta de oportunidades, y otras calamidades, han convertido al país en un verdadero desastre que ha hecho metástasis en su cuerpo político y social. Todo indica que tenemos que remar juntos para que haya un cambio político que luce inminente. El régimen de Maduro pretende imponerse sobre la mayoría de los venezolanos y del mundo democrático internacional y eso no lo podrá lograr. Estamos en momentos muy difíciles y quizás la nueva etapa de este proceso de cambio será más dura y difícil pero decisiva.

Vamos este domingo 20 a llenar nuestros templos e iglesias portando la bandera tricolor como símbolo de la dignidad que siempre nos ha caracterizado como un pueblo que sabe vencer los desafíos que ha enfrentado a lo largo de su historia. Como dice el historiador Elías Pino Iturrieta, "de peores hemos salido".




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