Porlamar
18 de agosto de 2018





EL TIEMPO EN MARGARITA 25°C






Cheguaco, margariteñidad a toda prueba
Nadie podrá negarle esa voz de capitán de piragua, cinturón de perlas y belleza de Arestinga, Matasiete e inocencia de Los Mártires. En Cheguaco se vieron retratados fehaciente y nítidamente a través de la sequía y el tiempo. Como ocurre médicamente, este Soma o Islalidad fue acrecentándosele a medida que los años aposentáronse en él.
Perucho Aguirre

17 May, 2018 | Ahora aparecen tus nombres y apellidos completos en los periódicos de aquí, anunciando que ya no podrás andar con nosotros, en persona y se me atora la palabra en la garganta, y una intranquilidad incomprensible me niega calma. No entiendo por qué, ni siquiera, una llamada, anuncio o aviso diciéndonos que Usted se nos marchó… ¿Será otro José Joaquín Salazar Franco, Cheguaco? ¿Habrá en este mundo, tan equivocado y perverso, otra alma buena, de sangre y corazón como ésta que venero y admiro desde que andaba por La Asunción, en mis correrías del Rísquez, placenta de mis recuerdos? No creo. ¡Dificulto otro margariteño con esa cepa y arrecife, con ese barro y estampa de El Cercado! ¡Otro tacarigüero de La Margarita como Cheguaco! El que al leerle, oírle y verle su estirpe conuquera era percatarse de angustias, desesperación y amor por su isla, La Margarita. Desvelarse por ella y enseñarla en todas sus latitudes y longitudes. Clamada e involucrada. Querida y admirada por nosotros los marineros de él. Nadie podrá negarle esa voz de capitán de piragua, cinturón de perlas y belleza de Arestinga, Matasiete e inocencia de Los Mártires. En Cheguaco se vieron retratados fehaciente y nítidamente a través de la sequía y el tiempo. Como ocurre médicamente, este Soma o Islalidad fue acrecentándosele a medida que los años aposentáronse en él. Sin dudas, Cheguaco –para mí- es la representación máxima, contemporánea, de la margariteñidad. Porque llegar al conocimiento de un pueblo, con esa perfección; teniendo ese poco grado de instrucción, publicar y publicar, tan claro y tan profundo, con ese lenguaje de pueblo y academia, no es común, ni lo venden en botica. A este hombre nos lo mandaron, para que escribiera quiénes somos, de dónde venimos y cuál nuestra grandeza. Para que en el tiempo tuviésemos la forma y las directrices sabias y telúricas de cómo rehacer y reconstruir al pueblo margariteño. Cheguaco era como una Margarita ambulante, diciéndola, cortándola, nombrándola, enseñándola, reivindicándola y honrándola a cada instante, desesperadamente, de pueblo en pueblo, de caserío en caserío, de hombre en hombre, de mujer en mujer y de niño en niño. Y con una fuerza tan descomunal y desinteresada que ya quisiéramos muchos de los que nos quedamos vivos, creyéndonos ilustres patriotas, pero, con una rechifla de la gente, que en silencio, viene a ser como lo que se merece todo aquel que es hablador y escritor de pistoladas. Pago que a Cheguaco jamás podrán cancelarle porque ahí están sus libros que pasan de cincuenta volúmenes, escritos, crónicas, discursos y poemas tan naturales y cándidos de la vida y el amor margariteños...
¿Azul?




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