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20 de agosto de 2018





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Juan Liscano, amigo entrañable de Venezuela
La Venezuela auténtica, al presentarle a Gallegos, el nuevo presidente, el primer Festival Nacional de Identidad y Gentilicio Criollo. Apoteósico. Deslumbrante. Así lo definen los cronistas de la época. Ahí, él dijo quiénes éramos, qué somos los hijos autóctonos de este suelo; que Colón llamó Tierra de Gracia, y nosotros, con él la hemos llenado de tantas desgracias.
Perucho Aguirre

14 Jun, 2018 | Para empezar, una perla... ¡Y muy legítima, por cierto! En su libro “Reflexiones para jóvenes capaces de leer”, Juan Liscano se dirige a los muchachos de esta época.

Jóvenes “rebeldes” que se siguen por la civilización consumista. Que los asedia, bombardea y compromete y, caen tan mansamente. Rebeldes de ese consumismo se hacen su clientela. Mercado de estupideces y gangas. Susceptibles a ser manejados y capaces de gastarse una millonada de dólares en eso: ¡Moda! En Liscano están sus
ensayos e información. Droga y sexualidad. Trata de abrirle los ojos a estos inútiles que prefieren El Video, La Planta, El Rústico, Moto, Televisión. ¡Permanente derrape! ¿Y, para leer, con qué tiempo? La lectura es activa, nos hace pensar y cultiva para la vida, el hogar,la familia.

Lo audiovisual es pasivo y activa nuestro motor de arranque para otros fines y malas costumbres, que no son las que se requieren para la paz, convivencia y el amor.

Ese flujo de imágenes es solo eso, imágenes... Quien a principios de su formación no se
adentra, adquiere el habito de la lectura, se perderá en él, en sus contradicciones, y para siempre. Juan Liscano dice: “Creo mucho más en una discusión abierta entre jóvenes para llegar a conclusiones vitales, que en la búsqueda de un líder mesiánico que les dé las respuestas” (Revista “Nosotros”, sep. 1985, pág. 37).

¿Qué más se puede pedir para un hijo de esta Patria que ha cumplido a cabalidad con ese don? ¿Podría alguien atentar contra esta aseveración y cuáles las causales por las que este venezolano no merece la máxima potestad de su país? Juan Liscano: Un por qué:Venezuela, su pueblo. Sin importarle aldeas, trochas, veredas, atajos, piel, clase, lenguaje, conuco, raíz, ríos, afluentes; en una palabra: ancestro. Cazar el conocimiento, estilo, procedencia, raíces y los cuentos de camino, mitos, leyendas, ritos, costumbres.

¿Picadas de zancudos y culebras? ¿Rugido del tigre o león? ¿Flecha envenenada de algún indio?

Había que saber en qué consistían los brujos, santería, San Benito, el vudú, San Juan Guaricongo. Saberlo, descubrirlo, anotarlo; y, enseñárselo al pueblo, gente. La última vez que nos vimos fue en el Hotel Tropical del Pueblo de La Mar, con su amiga de siempre, la escritora Emira Rodríguez, excelente poetisa. Ahí buscó la templanza mirando los peñeros y botes partir y recalar. Mirando los horizontes y las velas henchidas de amor. No sé si logró que aquella estampa marinera calmara sus angustias y apasionamientos. Quizás... En el 48 nos enseña la Venezuela que subyace en sus raíces y vicisitudes.

La Venezuela auténtica, al presentarle a Gallegos, el nuevo presidente, el primer Festival Nacional de Identidad y Gentilicio Criollo. Apoteósico. Deslumbrante. Así lo definen los cronistas de la época. Ahí, él dijo quiénes éramos, qué somos los hijos autóctonos de este suelo; que Colón llamó Tierra de Gracia, y nosotros, con él la hemos llenado de tantas desgracias.

¿Malagradecidos, no? Representaciones folklóricas y populares, cantos, dramas, bailes, teatros del pueblo. Por fin hubo alguien que nos enseñara y tomara en cuenta, la riqueza y validez de un pueblo acostumbrado a esperar. ¡VENEZUELA!... ¡Buena esa, por Juan Liscano! ¿Y, las tuyas, dónde?

¿Azul?




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