Porlamar
26 de junio de 2019





EL TIEMPO EN MARGARITA 25°C






Compartiendo las letras de la poeta Raquel Arismendi
En el cuenco vacío del abrazo ausente/ que no puede rodear a la mesa/ sentada, sobre ella/ está la madre/ Para siempre.
Juan Ortiz | juanortiz051283@gmail.com

20 Jun, 2018 |

Derviche danzante de los campos

enamorado de Dios, giras

¿Qué preguntan tus lenguas/aventadas de sol?

¿Qué contempla tu ojo alucinado?

Van Gogh, el loco

lo sabía

***

En el cuenco vacío del abrazo ausente

que no puede rodear a la mesa

sentada, sobre ella

está la madre

Para siempre.

***

Sequía

Aún el agua no besa la savia

no labia la vida

El árbol no canta

***

Iré detrás de ti

te seguiré hasta el fin

dijo

No supe entonces que era

la muerte

anidada en las escápulas

la definitiva herida de mi ala.

***

«El Pulso»

Con los ojos cerrados

las yemas de los dedos pulsan tu latido

con los ojos cerrados también tú permites

que libere en el tacto

el amor de un pintor a sus pinceles

el sabor del aroma de un catador de vinos

Y sobre todo me dejas

sintiéndote la vida

ser el músico que roza la cuerda de una caja sonora

Y tú sueltas el vuelo

y yo acaricio el ala

y ninguno de los dos es dueño

de esa extraña melodía

siempre una y distinta

esa magia del sonar

que no es tu cuerda ni mis dedos

y nos pone a los dos en sintonía

con un algo que repica desde siempre

Con los ojos cerrados

los párpados son velo que cobijan

el momento del aletear del colibrí sobre la flor

un misterio que no está en la flor

que no es el pájaro

ni los ojos que lo ven ni el néctar

el misterio es el aire detenido

ese sonido entre los dedos

de tus venas en cuerda donde pulsa una vida

que no es tuya y escucho

con un oído que tampoco es mío

Es el ritmo

el movimiento

el sonido del Gran Mago

que nos transforma a ti y a mí

en amantes de tres dedos

donde tú pones el corazón y yo el oído.

***

La palabra hecha verbo/ de los hombres

perdida su divina gracia/ entre ladrillo

se maquilló con adjetivos posesivos

Lo mío tuyo nuestro

crea a los otros

Y la historia nunca más sagrada/ relata de este lado

que Dios ya no habita entre nosotros.

Hemos enrejado el Paraíso.




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