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21 de septiembre de 2018





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Retos y desafíos para una docencia universitaria del porvenir
Desde el contexto latinoamericano, el desafío consiste en crear una ruptura del pensamiento hegemónico que ha instaurado un modelo educativo foráneo, discordante a las necesidades de cada periodo epocal, vinculado con una forma única de hacer ciencia.
Asunción Suniaga /@Asuniaga

11 Jul, 2018 | El momento histórico que estamos viviendo ya no es el mismo de antes, pues nos toca despedir una docencia universitaria tradicional, donde se privilegia, entre otras cosas: el memorismo, el aprendizaje enciclopédico, la enseñanza mecanicista y simplista, el pensamiento hipotético-deductivo y la transmisibilidad del conocimiento, para darle paso a una nueva docencia universitaria cónsona con la complejidad del siglo XXI, que trasciende el acto de enseñar, pues es creativa, comprensiva, crítica, sensible y emancipadora, que requiere de “(…) nuevas formas de aprender, comunicar, valorar y empalmar con la realidad”. (Giroux, 2008:14)

En este sentido, uno de los retos de la docencia universitaria del porvenir es procurar el desarrollo del ser. Esto implica que la universidad debe ofrecer posibilidades para el desarrollo humano demostrando su amor y la confianza en las capacidades de sus educadores, pues “la educación del futuro deberá ser una enseñanza primera y universal centrada en la condición humana”. (Morín, 2001:21). Luego, quienes decidan ser profesores universitarios, deberán pensar y repensar en la toma de conciencia de lo que implica ser docente en el momento que estamos viviendo.

Otro de los retos a nivel mundial, es que los docentes universitarios brinden un servicio educativo de calidad, aunado con las mejoras de sus condiciones de trabajo y su situación social, lo cual constituye uno de los acuerdos mundiales más recientes en torno de la docencia universitaria, contemplado en la Recomendación relativa a la Condición del Personal Docente de la Enseñanza Superior (1997) y a la Declaración Mundial sobre la Educación Superior del Siglo XXI (1998), que abarca aspectos tales como: la formación permanente, desarrollo de competencias didácticas-pedagógicas, la incorporación y uso de las tecnologías de información y comunicación (TIC) en su praxis, la movilidad nacional e internacional y otras. No obstante, su aplicabilidad depende de las políticas gubernamentales en materia educativa y de las prioridades de cada país, a fin de lograr docentes competentes y altamente calificados, responsables, críticos y autónomos, que fomenten el desarrollo del individuo y el progreso de la sociedad.

Desde el contexto latinoamericano, el desafío consiste en crear una ruptura del pensamiento hegemónico que ha instaurado un modelo educativo foráneo, discordante a las necesidades de cada periodo epocal, vinculado con una forma única de hacer ciencia.

Es por ello que hoy día urge una reforma epistémica en la docencia universitaria que genere una actitud crítica, reflexiva y creativa ante las circunstancias que lo rodean, porque “sin reforma del conocimiento, no hay reforma universitaria” (Lanz y Fergunson, 2011). En este sentido, es necesaria la conformación de otra docencia universitaria que se corresponda ante esta nueva era planetaria transcompleja.

Para ello, los docentes universitarios debemos migrar de lo informativo a lo formativo, de lo unidireccional a lo bidireccional, de lo particular a lo cotidiano, así como también debemos estar dotados de herramientas didácticas y pedagógicas para la formulación y puesta en práctica de los planes de trabajo, que se logra con una formación integral y trascendental que sea ética, estética, valórica, humanista, sensible, tecnológica, crítica, intersubjetiva, científica y comprometida que suscite una nueva actitud frente al conocimiento y que dirija esfuerzos hacia el ser, para alcanzar esa docencia universitaria, otra que queremos.

Como vemos, los desafíos que plantea la docencia universitaria del porvenir, son muchos, pero la esperanza del cambio está en aquellos que marcan la diferencia. De ahí, que cada nuevo día los docentes universitarios debemos preguntarnos ¿qué puedo hacer diferente hoy? Ese pudiera ser un gran comienzo.




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