Porlamar
19 de noviembre de 2018





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¿El paraíso? ¿Cuál paraíso?
A los viejitos que desde la madrugada hacen colas interminables en las agencias bancarias, para que al final les den una miseria, no se les puede convencer de que Venezuela es un paraíso.
Fernando Luis Egaña | flegana@gmail.com

12 Sep, 2018 | No hace muchos días, en una de sus incontables peroratas, el señor Maduro le mandó a decir a los directivos de la Shell, y se supone que a través de estos a las demás transnacionales de la energía, que vinieran a invertir en el país, porque Venezuela, según él, es el "paraíso"…

Un mensaje muy curioso porque nuestra nación no es un paraíso para casi nadie –y ni siquiera un purgatorio sino en todo caso un infierno--, salvo para la delincuencia organizada, tanto a nivel nacional como internacional. Para el mundo de lo ilícito, la Venezuela sojuzgada por la hegemonía roja es un santuario, vale decir un paraíso de impunidad.

La Shell no es una organización criminal. Es una corporación global que busca maximizar sus beneficios en un negocio legal y legítimo, que es el negocio de la energía. Se podrá criticar muchas de sus ejecutorias, desde luego, pero no se la puede equivaler con uno de los innumerables carteles de innumerables actividades criminales, que florecen bajo el amparo de la hegemonía depredadora que impera en Venezuela.

A los viejitos que desde la madrugada hacen colas interminables en las agencias bancarias, para que al final les den una miseria, no se les puede convencer de que Venezuela es un paraíso.

A los jóvenes que apenas pueden, se van del país para establecerse en cualquier otro, tratando de encontrar lo que el suyo propio no es capaz de ofrecer: una vida humana y digna, no se les puede persuadir de que Venezuela es un paraíso.

A los maracuchos que pasan días de días sin luz eléctrica, en una temperatura ambiente típica por el gran calor y la humedad, no se les puede lavar el cerebro con el cuento de que Venezuela es un paraíso.

A las madres de familia, que no saben qué hacer para darle de comer a sus hijos, que no saben si abrirán las escuelas, que no saben qué pasará el día de mañana, no se las puede adoctrinar con la propaganda de que Venezuela es un paraíso.

Al conjunto de los venezolanos, que a duras penas sobreviven en una catástrofe humanitaria, que además ocurre en plena bonanza petrolera, no se les debe seguir ofendiendo y despreciando con la falsedad aberrante de que Venezuela es un paraíso.

No. Venezuela no es un paraíso sino para la delincuencia organizada, incluyendo el poder establecido. Eso tiene que cambiar, pero solo cambiará cuando la hegemonía roja sea superada.




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