Porlamar
18 de octubre de 2018





EL TIEMPO EN MARGARITA 26°C






En qué lío nos metió usted poeta Lira
La paraulata espabiló algunas veces y no pudo. ¡Era su primer día de luto y el de cambiar los colores de etiquetas por el apesadumbrado morado! ¡Como para partear más de una tristeza!
Perucho Aguirre

20 Sep, 2018 | Ahora la noche es una permanencia de tristezas. Vestimenta de luces negras e incógnitas sin solución y en desesperada lucha contra el desasosiego y la desazón. Qué intranquilidad la de nuestro acongojado sol de hoy. Ella, la que se adentró en la tarde, en su vespertina de amores y pálidos ocasos para sepultarse en su propia sangre, penas y desasosiegos. Entusiasta hasta este instante de no expirar definitivamente. Nos ocurre y le ocurre a la alborada cuando se le muere un poeta, un cantor, un músico, a quien el arte genuino y profundo le viva el río caudaloso de las añoranzas.

El pedazo de calle de aquel pueblo herido y aún habitado de voces buenas y aborígenes sonrisas sí lo entiende. El Colindante jamás del viejo Puerto de La Mar lo ha asimilado. Por eso la noche convierte su intransitable botín de morocotas celestes en inusitada ausencia. Y en un ¡ay! que no se le oye.

Silente canción la de sus adentros que ya no sabe por dónde anda. La paraulata de despertar el calor humano y habitual cuantas veces despertada y, hasta molestada para que cantara el solo en su clarín de inicio de amanecer las auroras no quiso hacerlo, no porque lo quería o necesitaba, no porque no pudo con tantas cargas de tristezas… ¡La de las puertas abiertas! Ese imprescindible solo de las mañanas en el Colindante de Antonio Olivero y de su colindante de sus ideas y palabras. Se le hizo llanto de soledad.

¿Y, cómo, si la noche se negó a marcharse?

¡Ay, ay, Colindante, de la calle Guilarte, ay!

La paraulata espabiló algunas veces y no pudo. ¡Era su primer día de luto y el de cambiar los colores de etiquetas por el apesadumbrado morado! ¡Como para partear más de una tristeza!

Al trajín de avisar los quehaceres y los corazones. A las ricas fraguas de las voluntades y enfrentar lo inesperado… La canción no se oía por razones de culpa, no se sabe… Un cercano rumor de rezos venidos de unas de las casas de aquel pedazo de calle promovía una inusual despedida.

Alguien se había marchado.
Alguien alma de pueblo.
Alguien con voz en la palabra…
- ¡El Poeta Lira Sosa!
- ¡José Lira Sosa!
- ¡El Poeta Lira!...

Vitrales apagados. Silencios de soledades inhabitadas. ¡Y el aire!... ¡Tampoco serenateo aquella mañana!...

Y ocurrió lo inesperado e incomprensible:
instantes en que el asombro multiplica sus espejos y los empaña.
– Se dijo, sí, que el Poeta Lira nos estaba echando una broma pesada.

¿Y, por qué lloraban el río y el San Rafael del Colindante, el de Jesús Castro, Maestro de Obras?
– No, no fue una broma pesada. El Poeta se lo dijo en su víspera a Eucaris –se comentó. ¿Azul?




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