Porlamar
22 de octubre de 2018





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¿Planificar?
Es verdad que resulta mucho más fácil planificar en situaciones estables y predecibles; pero también es cierto que es mucho más necesario hacerlo cuando se han descompuesto las rutinas y se han perdido los hitos referenciales.
Manuel Narváez

4 Oct, 2018 | La semana pasada la Gobernación de Nueva Esparta hizo la presentación pública del Plan de Desarrollo Estadal y del Plan de Turismo Sostenible. Aunque, en general, ambos instrumentos de gestión de políticas públicas fueron acogidos positivamente, algunos cuestionaron la pertinencia y la utilidad de hacer planes en un país asfixiado por la hiperinflación, fracturado por la ruptura del orden democrático y agobiado por la incertidumbre.

Es verdad que resulta mucho más fácil planificar en situaciones estables y predecibles; pero también es cierto que es mucho más necesario hacerlo cuando se han descompuesto las rutinas y se han perdido los hitos referenciales. Planificar no se trata de producir un documento que diseña el futuro y que, por el mero hecho de haberlo diseñado, aseguramos su existencia. Planificar significa calcular para darle racionalidad al esfuerzo cotidiano con el que intentamos ir construyendo el futuro deseable; bajo este concepto el documento del plan es una guía referencial en proceso permanente de retroalimentación y ajuste.

Ante el mar de dificultades del que somos náufragos, algunos adoptan una actitud pesimista y renuncian a la posibilidad de la acción transformadora: la resignación y la desesperanza los esteriliza, algunas veces disfrazadas de un adusto y ridículo moralismo principista. Otros se ubican en el extremo opuesto y desarrollan una suerte de optimismo bobalicón que les impide reconocer las restricciones que impone la realidad; como el cándido profesor Pangloss, creen que los deseos, las buenas intenciones y una “actitud positiva” son suficientes para que “el universo conspire” en favor de nuestras aspiraciones.

Afortunadamente, un tercer grupo supera la trampa de los extremismos y practican el optimismo razonable. Ellos entendieron que “los deseos no empreñan”, pero que la sola razón sin emoción también resulta estéril. En términos de una muy celebrada frase de Michel Godet, cuando planificamos “nos encontramos con los tres componentes del triángulo griego: "Logos" (el pensamiento, la racionalidad, el discurso), "Epithumia" (el deseo en todos sus aspectos nobles y menos nobles), "Erga" (las acciones, las realizaciones). El matrimonio entre la pasión y la razón, entre el corazón y el espíritu es la clave del éxito de la acción y de la plenitud de las personas.”

En Nueva Esparta, razonablemente optimista, acompaño la convocatoria del Gobernador Alfredo Díaz a consolidar una Alianza por el Desarrollo Sostenible de nuestro estado.




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