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18 de diciembre de 2018





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Tanto va el cántaro a la fuente que se rompe...
Nos dejarán una nación, que recibieron rica y próspera, totalmente paupérrima, debiéndole plata a todo el mundo, tan empeñada que no sabemos si Venezuela sigue siendo de Cuba, si es de China o su dueña realmente es Rusia.
Ángel Ciro Guerrero / angelcirog@hotmail.com

5 Oct, 2018 | Sabio el refrán, porque en la práctica así sucede.

Ayer, hoy, mañana y siempre habrá de ocurrir lo que alerta, predice y advierte, si no se toman previsiones, dejándole a la suerte el accidente.

Evidencia crasa de irresponsabilidad supina, forma más que precisa del no me importa, del ese no es mi problema o del cobarde qué le vamos a hacer; tres maneras muy propias de quien va por la vida sin preocupaciones.

No hay nada tan reprochable como la comodidad empleada sólo para el beneplácito, la modorra, el aletargamiento, mientras se cae el mundo al frente y no hacer nada. Como la llamada del flojo preguntando desde el chinchorro qué será bueno para la picada de culebra.

Se relaciona todo lo anterior para terminar de entender por qué Maduro no hace caso a la prudencia. Tampoco a la realidad, menos a las advertencias que desde todos los confines de la tierra de mil modos le formulan gobiernos, personalidades, científicos sociales y expertos en manejar conflictos. Sin dejar de lado los disímiles consejos, todos factibles, posibles, concretos, para superar la adversidad económica, llámese hiperinflación, descuido, inexperiencia o sencillamente falta de guáramo.

Imposible aceptar que se hayan perdido veinte años vendiendo apenas ilusiones, ofreciendo fantasías, contabilizando nubes, mientras el país se les iba de las manos, porque les quedaba grande.

Nos dejarán una nación, que recibieron rica y próspera, totalmente paupérrima, debiéndole plata a todo el mundo, tan empeñada que no sabemos si Venezuela sigue siendo de Cuba, si es de China o su dueña realmente es Rusia.

Muchos de sus errores son imperdonables, y ya se verá el pase de factura histórico, como el de haber dejado, por ejemplo, que Guyana colonizase nuestro Esequibo. Todo porque fue más importante la solidaridad ideológica que el interés nacional.

Odian al imperialismo gringo, pero alaban, y están entregados, rodilla en tierra, al chino, al cubano y al soviético. Quieren que el comunismo sustituya a la democracia. Es decir, cambiar la libertad por el totalitarismo. Lo plural por el pensamiento único, haciendo creer que el Estado que pretenden es el de la eterna felicidad, cuando la verdad es que ni lo uno ni lo otro esa clase de revolución ha concretado desde 1917, cuando en Moscú Lenin ordenara matar al Zar, a la Zarina y a sus hijos, en “los días que conmocionaron al mundo”.

Un solo señalamiento, mezcla de utopía y demagogia, que les retrata como faltos de responsabilidad, seriedad y de total ausencia de visionar realidades, lo fue su ofrecimiento de un hombre nuevo. ¿Será, acaso, el enchufado, el boliburgués? Debe serlo porque, con absoluta seguridad, no lo es Juan Bimba o Pedro Pueblo. Aunque se reconoce que hubo un tiempo en que vistieron franela y cachucha roja, creyentes en esos mesías con ropaje de revolucionarios.

Ahora, quizás conscientes del mal inmenso que a Venezuela ocasionaron, y porque admiten que en La Haya y en Roma hay jueces que no se venden, que sí juzgan y condenan, muchos del liderazgo que ayer ofrecían villas y castillos, hoy están abandonando el barco antes de estrellarse en el arrecife.

Hay otros rodeados de poder que juran por su madre preferir la inmolación que la capitulación, palabras vacías, apenas dichas para la galería, a la que conminan con juramentos obligados que repiten como loros, por aquello de por lo menos mover los labios, para que los vean, no vaya a ser que pierdan el trabajo. Es que las cámaras de TV no pierden detalles. Tampoco los de la inquisición oficialista.

Podrían enumerares cientos y cientos de fallas, pero la lista sería larga. Resumamos diciendo que, de verdad, fracasaron. Rotunda y estruendosamente. Quedaron al descubierto ante el mundo entero, que les reprocha su actitud prepotente, atrabiliaria, violadora sistemática de la constitución, de los derechos humanos y, definitivamente antidemocráticos, contraria a la libertad.

De allí la advertencia que razona el refrán: sí, el cántaro está resquebrajado. Por todas partes se le sale el agua.




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