Porlamar
19 de noviembre de 2018





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“Caldo de gallina vieja……………….”
Entre las tradicionales prácticas cinegéticas realizadas por los margariteños destaca la captura de diversas variedades de aves mediante la utilización de distintos tipos de artificios tales como: lazos, canastos, redes, etc., los cuales, aún siguen siendo utilizados pero con menor frecuencia por los habitantes insulares.
Francisco E. Castañeda M. / fran.caman@hotmail.com

5 Nov, 2018 | Con motivo de cumplirse en este mes de octubre del año 2018 siete años continuos de estar realizándose la importante actividad relacionada con el patrimonio alimentario insular denominada Margarita Gastronómica, hemos considerado pertinente y en concordancia con los objetivos de ese significativo Evento presentar, como de seguidas haremos, las siguientes notas referentes a un animal doméstico el cual, desde hace quinientos años aproximadamente, ha formado parte de nuestra cultura alimentaria íntimamente relacionado además con otros aspectos de nuestra realidad sociocultural tales como: creencias, leyendas, mitos, refranes, etc. Me refiero a la Gallina (Gallus gallus domesticus) subespecie doméstica del género Gallus, criadas principalmente para el aprovechamiento alimenticio de su carne y de sus huevos.

Esta ave omnívora e insectívora, originaria del sureste asiático, proviene de una especie salvaje de la India: Gallus gallus (Bankiva). Fue domesticada en esa región hace aproximadamente 7.400 años. Sin embargo, correspondió a los antiguos egipcios iniciar los primeros experimentos de incubación artificial de este género avícola con la finalidad de atender las demandas requeridas por sus habitantes del proteico alimento en ellas contenido. Posteriormente, gracias a los fenicios y a su proceso expansionista comercial, esta ave ya domesticada para ese momento histórico, fue introducida en el mundo grecolatino. Las primeras evidencias de su existencia en territorio hispano corresponden al siglo VII a.C., específicamente en la colonia fenicia de Málaga (Castelló Carrera, S., 1949, citado en Oscar Rivera Gamero, Portal Engormix Colombia, 2017).

Durante el segundo viaje colombino realizado en el año de 1493, se introdujeron en La Hispaniola (hoy República Dominicana y Haití) doscientos ejemplares entre gallos y gallinas los cuales fueron adquiridos durante la escala hecha previamente en las Islas Canarias.

Sin embargo, hay quienes consideran que la presencia de la gallina doméstica en América del Sur se debió fundamentalmente a los procesos migratorios de los grupos humanos procedentes de la Polinesia quienes, con una escala previa en la Isla de Pascua, llegaron a las costas chilenas. Sobre el particular, Alfred Metraux, el reconocido antropólogo suizo argentino, en su obra: La Isla de Pascua (1950), nos comenta lo siguiente:
El único animal doméstico de los pascuenses era la gallina, venida del Asia meridional con sus antepasados. No sabemos cuál fue la suerte de los perros y de los puercos que los primeros colonos debieron conocer, pero que no lograron aclimatar en la isla. Sólo las gallinas sobrevivieron. Estos volátiles hacían las delicias de los antiguos pascuenses. Se habían convertido en el regalo por excelencia que se cambiaba en las ceremonias familiares. Simbolizaba la riqueza de sus propietarios (Metraux, A., 1950. Citado en Acosta Saignes, M., 1990: 160).

Asimismo, refieren también otros autores que en la región mesoamericana fue domesticada por los antiguos mexicas en épocas prehispánicas una especie gallinácea nativa de esa región llamada Huexólotl (vocablo de origen náhuatl) conocida como Guajolote (Melagris gallopavo L) y considerada por los Mayas como un animal sagrado. Por su parte, las sociedades Apache y Hopi de Norteamérica, la consideraban como “dador de vida” (Aranda Mena, O., 2012). Durante el siglo XVI, los españoles establecidos en tierras mexicanas solían llamar a esta variedad avícola “gallo o gallina de la tierra”, para distinguirla de las procedentes de Castilla (Boyd-Bowman, P., 1971: 196). Tradicionalmente, se consume en eventos especiales como bodas, cumpleaños, fiestas patronales, de allí que se le denomine: “manjar de festejos”.

No obstante ello, sigue predominando la tesis de que la gallina común, es decir, la que se consume y cría actualmente, fue introducida por el Almirante de la Mar Océana en su segundo viaje. Así, desde la Hispaniola, pasó a la isla de Cubagua y desde aquí a la Tierra Firme comarcana donde logró expandirse hacia el resto del territorio continental.
En lo que respecta a la presencia de esta especie avícola en la región insular neoespartana, desde los primeros años del siglo XVI los pobladores hispano europeos establecidos en la isla de Cubagua acostumbraban criar estos animales para su consumo particular los cuales, posiblemente, fueron traídas inicialmente desde Santo Domingo en virtud de la intensa relación comercial mantenida con ese territorio antillano. Así, en el Inventario de Bienes de la señora Leonor Gutiérrez, realizado en la isla de Cubagua el 18 de septiembre de 1528, se mencionan “6-7 gallinas y un gallo” (Otte, E., 1977: 504). Igualmente, en el de Martín Alonso Alemán efectuado en dicha ínsula el día 15 de diciembre de 1528, donde se señalan, entre tantas otras pertenencias, “seis gallinas y un gallo” además de un par de pájaros pertenecientes a la avifauna de esa región: “dos papagayos, uno grande y otro pequeño” (ibídem, 506). Vale anotar que estos pájaros capturados y criados por los indígenas fueron utilizados para el intercambio de productos y bienes con los ocupantes foráneos tal como se evidencia en la declaración emitida en el año de 1517 por el piloto Antonio García quien manifestó haber visto a dos marineros castellanos entregar a unos indios, “una espada y un machete a cambio de un gato y un papagayo” (Ibídem, 142). (¿Intercambio desigual?).


Es menester señalar que durante la ocupación inicial del territorio cubagüés sus pobladores originarios, como parte de la dieta habitual de naturaleza proteica solían consumir ciertas aves silvestres como, “el pelícano (Pelecanus occidentalis) y el pato (Sarkidiornis melanotos sylvicola)” (Véase Castañeda M., F.E., 2006: 43).
Después de la desaparición de la ciudad neogaditana, la mayoría de sus habitantes pasaron a la isla de Margarita y con ellos también la costumbre de criar aves de corral en la que ahora participa un nuevo protagonista: el indígena autóctono, aun cuando no sabemos si la adopción de esa práctica por estos moradores nativos era para aprovechar el consumo de la carne y de los huevos de dichas aves y satisfacer parte de sus requerimientos alimenticios o simplemente para comercializarlas no solo con los españoles avecindados en la isla sino también con los habitantes de otros territorios insulares cercanos y de la Tierra Firme comarcana.
Así, vemos como en el Juicio de Residencia contra los Tenientes de Gobernador de la isla de Margarita realizado en la Villa del Espíritu Santo el 11 de septiembre de 1533, el testigo Baltasar de Villafranca residente en la mencionada Villa declaró que don Francisco Fajardo trataba muy mal a los indios y que los ponía presos en el cepo y que “no los soltaba fasta que le dieran guanines (joyas elaboradas por los orfebres indígenas mediante la aleación de oro y cobre en distintas proporciones. N. del A.) y aves” (AGI, Sevilla. Justicia, Legajo 53, citado en Pinto C., M., 1967: 44). En ese mismo sentido declaró también Diego de Serpa, alguacil mayor y vecino de esta isla, en relación con el mal trato que les daba a los indígenas el teniente de gobernador Juan Xuares de Figueroa quien los amenazaba frecuentemente con meterlos en el cepo, “syno le traen mahis e gallinas e huevos” (Ortografía original. Ibídem, 113).
Para el año de 1542, durante su permanencia en la isla de Margarita, el poeta Juan de Castellanos (Alanís, 1522-Tunja, 1607), en su famosa crónica y obra poética intitulada Elegías de Varones Ilustres de Indias, nos comenta acerca de la presencia y consumo de aves en la región insular. Al respecto, leamos el siguiente fragmento:
De aves, de conejos, de venados/ bastantísima proveida/ y por Atagen y Ave Farsiaca/ otra de más sabor y mejor gracia/ que por allí se llama guacharaca/ doméstica y bravas muchas aves/ninguna más gustosa no suave/. El índico pavón allí se halla/ capones sobre todos escelentes/ (Ortografía original. Castellanos, J., 1962: 120-121. Véase también Gómez R., A.F., 1991).
En el verso arriba citado, Castellanos menciona las siguientes especies avícolas:
Atagen, (Atagen Moehr., Tachypetes Viell): Corresponde a un género de aves palmípedas, generalmente acuáticas, caracterizadas por tener los dedos de sus patas unidos por una membrana, verbigracia: el ganso, el pato, el pelícano, etc. (Enciclopedia Universal Ilustrada, 1969: Tomo VI, 840). Coincide Castellanos con lo señalado en párrafo anterior referente al consumo de aves silvestres por los primigenios ocupantes del territorio cubagüés.

Guacharaca, (Ortalis ruficauda): De naturaleza gregaria. Es un ave bastante parecida a la gallina y generalmente vive sobre los árboles. Su estridente y bullanguero canto anuncia el despuntar del alba y hay quienes consideran que con él repiten el sonido del nombre que las identifica (Olivares F., R., 1991: 253). Cuando han sido domesticadas son cruzadas con los gallos comunes para aprovechar sus huevos y carne la cual es bastante apreciada.

En el folklore del oriente del país encontramos cantos y bailes dedicados a la Guacharaca, verbigracia, la expresión musical del mismo nombre del cantautor Hernán Marín así como también la conocida Danza de La Guacharaca, cuya autoría corresponde al margariteño Felipe García quien en los años cuarenta de la centuria pasada se residenció en la población de Caripe del estado Monagas, dándole vida a esa manifestación cultural hoy representativa de dicha región y cuyo acompañamiento musical se inscribe en la categoría de Joropo Oriental, en su variante conocida como “cotorriao”.

Pavón (Pavo cristatus): Nombre con el cual se denomina también al pavo real. Pertenece al orden de las gallináceas y es originario de la India, de allí que Castellanos lo identifique como “índico pavón”.

Capón: Se refiere al pollo común que se castra cuando es pequeño y se ceba para su engorde. “Entre todas las aves no usan castrar otros muchos sino los gallos, porque por ser muy luxuriosos, si no los castrasen, ni engordan, ni su carne sería buena para comer” (Herrera, A. de, 1790: Cap. XXI, 268). En el tradicional refranero hispano se encuentran algunas sentencias alusivas a esta variante de las gallináceas, entre otras, por ejemplo, la siguiente: “A quien te da el capón, dale la pierna y el alón”, para significar que debemos ser agradecidos con aquellos que nos hacen algún bien.
Durante el siglo XIX, la isla de Margarita fue visitada por importantes viajeros de distintas procedencias, profesiones y oficios quienes, en sus escritos, dejaron interesantes comentarios sobre diversos aspectos de naturaleza cultural, económica y social característicos de esta región insular incluyendo también los relacionados con el tema que nos ocupa. Veamos:
François-Raymond-Joseph Depons (1751-1812): Agente político del gobierno francés. En los primeros años del siglo XIX visitó la isla de Margarita y pudo apreciar la importancia que le daban sus habitantes a la cría de aves de corral no solo para la alimentación sino también para su comercialización y al respecto nos dice lo siguiente: “Además las aves de corral constituyen una fuente de ingreso para los pobres que las venden para la islas extranjeras” (Depons, Francisco: Viaje a la parte oriental de Tierra Firme, citado en Gómez Rodríguez, Á. F., 1991: 93). Asimismo, muestra su asombro Depons por la manera tradicional como se crían en casi todas partes, “loros y pájaros curiosos” (Castañeda M., F.E., 2006: 104). Esta referencia de Depons nos remite a uno de los señalamientos hecho en páginas anteriores relativo al intercambio de bienes realizados en la isla de Cubagua entre sus pobladores originarios y los recién llegados hispanos.
Jean Joseph Dauxion Lavaysse (1774-1829): Militar y viajero francés quien, el 5 de enero del año 1807 arribó a la isla de Margarita, específicamente al Pueblo de la Mar, acompañado de su hijo Samuel y un sirviente. Respecto al tema en comento, nos informa lo siguiente:
Tienen toda clase de aves que venden muy barato y con las cuales hacen un pequeño comercio. En Margarita se vive más barato que en Cumaná o en Caracas. Compré un capón por solo 10 centavos, una docena de huevos por 5 centavos y un pavo por 23 centavos” (Dauxion Lavaysse, J.J., 1967: 263-264).

Relacionado con este comentario del viajero francés en otro pasaje de su escrito refiere que durante su asistencia a la celebración de una misa vespertina en la iglesia de la población de Pompatar (sic) donde se encontraba alojado, adquirió dos bulas de indulgencia una para el purgatorio y la otra “para poder tener el permiso de comer carnes y huevos y mostrárselas a mis anfitriones y poder comer tranquilo sin escandalizarlos”. Esto último para justificar el consumo de esos productos alimenticios pues permaneció en territorio insular hasta la primera semana de la cuaresma que como sabemos para esas fechas existen restricciones (ayunos) alimentarias de naturaleza religiosa.
Las bulas de indulgencia en la iglesia Católica son de muy vieja data, tuvieron su origen en la época de Las Cruzadas. Se trata de determinados documentos mediante los cuales el papa concedía ciertas gracias o el perdón de los pecados a cambio de un “donativo” especial. Sobre el particular, recordemos la experiencia vivida por el Lazarillo de Tormes en la España de mediados del siglo XVI cuando estuvo al servicio de un buldero, es decir, de una persona dedicada a predicar y vender bulas (Anónimo, 2005: 73).
Miguel María, Consejero, Lisboa (1809-1881): Primer diplomático brasileño acreditado en Venezuela. Estuvo en la isla de Margarita en el año de 1852 y sobre el tema objeto de estudio nos dice: “Margarita es una isla muy interesante. La crianza de las aves es tan fácil que se vende la docena de huevos a medio real y una buena gallina por igual precio (100 reis de nuestra moneda). Vienen de las pequeñas Antillas muchas embarcaciones para comprar huevos y aves. En Margarita y, con especialidad Porlamar, la afición por las peleas de gallos se ha desarrollado extraordinariamente. Por los patios y por las varandas de las casas se ven, con frecuencia, garbosos gallos atados por la pata. Por el campo encontré a cada paso hombres del pueblo e incluso algunos de clase elevada, con un gallo y a veces dos bajo los brazos” (Lisboa, M.M., 1954: 178-179).

Relacionado con este comentario hecho por Lisboa sobre los galleros de Margarita, recientemente tuvimos un interesante intercambio de opiniones al respecto entre los miembros de la Academia de la Historia del Estado Nueva Esparta (AHENE). Les comentaba que hasta hace pocos años se identificaba al margariteño que viajaba tanto por vía marítima como aérea porque al llegar al lugar de destino su equipaje de mano lo conformaba fundamentalmente el tradicional bolso donde llevaba sus gallos de pelea y un “paño de mota” alrededor del cuello.

Es importante mencionar también que durante la gesta emancipadora las mujeres margariteñas en un gesto de solidaridad y patriotismo republicano, remitieron “500 gallinas para los heridos en las brillantes acciones de La Victoria y San Mateo” (la Gaceta de Caracas, lunes 21 de marzo de 1814. Citado en Subero, J.M., 1977: 73).


VARIADES DE GALLINAS COMESTIBLES
Culí/sa: Se trata de un gallo de patio o corral, grande y gordo que generalmente presenta plumas en las patas. Se utiliza mucho para la elaboración de sancochos. Probablemente es originario de la India. En la isla de Margarita y en otras regiones del país se le conoce con el nombre de pataruco porque no es un gallo de raza o de lidia. Con ese apelativo se suele designar a las personas “inexpertas, flojas, temerosas, sin guáramo” (Marcano Rosas, J., 1979: 215 y 248).
Asimismo, es menester destacar que la expresión culí o cooli era utilizada para apodar a los migrantes procedentes generalmente de la India así como también de otros países asiáticos establecidos principalmente en la Isla de Trinidad y en otros territorios insulares del Caribe angloparlante. Sobre el particular, recordemos aquella estrofa del tradicional aire musical denominado Polo Margariteño que a la letra dice lo siguiente:
“Yo fui marino que en una isla/ de una culisa me enamoré/ y en una noche de mucha brisa/ en mi falucho me la robé”/.
Gallina de Monte o Macagua (Tinaimes major): De menor tamaño que la gallina criolla común y de plumaje muy hermoso la cual era bastante apreciada por su gustosa carne, sin embargo, actualmente se encuentra prácticamente extinguida debido a su cacería indiscriminada (Marcano Rosas, J., 1979: 199). Según J.J. Salazar Franco, Cheguaco, en la isla de Margarita se le conoce con el nombre de “Soy Soola”, “Soy Soola”, transmisora de malos augurios (Salazar Franco, J.J., 2002: 157).
Gallina Guinea, (Acryllium vulturinum): Es el único animal autóctono de la región sursahariana que fue domesticado para el aprovechamiento de su carne y huevos, caracterizado por sus cabezas ornamentadas generalmente de color gris azulado desprovistas de plumas y las que cubren el resto del cuerpo son casi siempre manchadas de allí que se les denomine también: Gallinas Pintadas o Gallinetas, siendo esta precisamente la variedad traída a tierras americanas. Son aves gregarias que acostumbran andar en manadas y suelen marchar colocándose una tras otra en perfecta “fila india”.
En la isla de Margarita su consumo es poco frecuente porque se considera un animal “mabitoso” (voz de origen africano: Mabinga. Véase Sojo, J.P., 1986: 325), es decir, de mala suerte, pavoso, por cuanto el sonido onomatopéyico de su canto se asemeja a la expresión: “patrás”, “patrás” (Gómez Rodríguez, A.F., 1991: 93).
Gallina Piroca (también Gallo piroco y Pollito Piroco): Conocida también como Gallina de Pescuezo Desnudo porque lo tiene desprovisto de plumas. Estas aves son buenas ponedoras y cuidan muy bien a sus pollitos. En Margarita, se les suele llamar Galipavas y cuando son cruzadas con gallos de pelea producen buenas crías para participar en esos desafíos gallísticos (Ibídem, 189). También estas gallináceas son conocidas como Cluecas, porque permanecen sentadas incubando sus huevos y atacan a quienes tratan de quitárselos y se reconocen además por la emisión de su canto característico: clo-clo-clo.
En Margarita, la expresión clueco o culeco se utiliza para significar a la persona que en un momento determinado ha logrado tener alguna satisfacción personal o también haber alcanzado un objetivo o propósito determinado. Por eso se acostumbra decir: “Fulano de tal está culeco, ufano, contento, orgulloso”. “Está como gallina con huevos”.
Sobre este vocablo, resulta válido referir la anécdota relacionada con un viaje hecho a la isla de Margarita por el poeta Andrés Eloy Blanco, con motivo de su participación en un acto político a realizarse en la Plaza Bolívar de la ciudad de Porlamar. Concluido el evento, un grupo de amigos le presentó a un personaje muy popular nativo del Pueblo de la Mar y conocido con el apodo de Pío Tequiche: versificador espontáneo y natural. A ruego de los amigos se le solicitó al poeta Andrés Eloy que improvisara un verso y éste comenzó diciendo lo siguiente:
Esa ave negra y enteca/ que se ha posado en su nido”/
Incontinenti respondióle Pío:
“Será que no ha ponido/ o será que esta Culeca”/ (Marcano Rosas, J.: Op.Cit, 288-289).
Relacionado con esta gallinácea, es el uso de la popular expresión: “Se me puso la piel o la carne de gallina” cuando se siente frío, miedo o cualquier otra emoción ya que en ese preciso momento nuestra epidermis se asemeja a la de ese animal.
En lo que respecta a la preparación culinaria de la gallina, los platos tradicionales son el guisado de gallina, el concentrado de consomé para la recuperación de enfermos, convalecientes y mujeres recién paridas, además del sancocho o hervido, el cual, por lo general se consumía los días domingo o en ciertas y determinadas celebraciones o festividades. Según refiere el estudioso de la oralidad insular J. J. Salazar Franco, Cheguaco, el mejor platillo preparado con base en esta doméstica ave, es el de “la gallina robá porque es el que más gusto da” (Salazar Franco, J.J., 2015: 46. Véase también Gómez Rodríguez, A.F., 1991: 93).
Otra vianda importante es la conocida con el nombre de Pelao, el cual, requiere para su elaboración además del arroz y los aliños tradicionales, una buena “gallina criolla de corral y engordada con maíz” (Marcano Rosas, J., 1979: 217). Respecto a este platillo, es conveniente señalar lo siguiente: Se trata de una preparación de origen persa o turca conocida con el nombre de Pulao Arasta, muy apreciado tanto en la India como en Pakistán, donde se le denomina Arroz Pillaw o Pilaf (VELSID. Weblog español: Gastronomía y Cia.. 22-XII-2008). Es muy probable que haya llegado al Caribe, como señalábamos anteriormente, con los trabajadores procedentes de la India quienes, a partir del siglo XIX, se establecieron en Trinidad y otros territorios insulares pertenecientes a ese espacio geográfico. De allí pues que, en virtud de la intensa relación comercial y cultural que históricamente ha mantenido la región insular neoespartana con la isla de Trinidad, es muy probable que dicha preparación conocida en esas latitudes insulares con el nombre de Pelau, se haya incorporado a nuestra dieta cotidiana.


AVES CINEGÉTICAS
Entre las tradicionales prácticas cinegéticas realizadas por los margariteños destaca la captura de diversas variedades de aves mediante la utilización de distintos tipos de artificios tales como: lazos, canastos, redes, etc., los cuales, aún siguen siendo utilizados pero con menor frecuencia por los habitantes insulares. Entre las especies preferidas, mencionamos, entre tantas otras, las siguientes:
Palomas, aves que en Margarita se suelen llamar palominos y cuyos pichones son demandados para la elaboración de los consomés requeridos en la alimentación de convalecientes y personas mayores o de la tercera edad como se les denomina actualmente (Marcano Rosas, J., 1979: 277).
El consumo de estas aves en la alimentación hispana es de muy vieja data, se consideraba parte de la dieta de los hidalgos y era una preparación que se elaboraba para el menú de los días domingos. En virtud de ello, es bastante probable, que hayamos heredado de los españoles esa costumbre alimentaria. En el Quijote, por ejemplo, se hace mención a este condumio: “algún palomino de añadidura los domingos” (Cervantes Saavedra, M., 2000: 32).
Patos de monte o silvestre (Sarkidiornis melanotos sylvicola), el cual suele prepararse guisado o “cruzado” con gallina adicionándole a esta última preparación, además de los aliños tradicionales: aceitunas, alcaparras, pasitas y vino dulce de cocina. Generalmente, se acompaña con arroz cocido aparte.
Tutueles (Leptotila verraux), conocida también como Pipe o Guarame. Es una variedad de paloma, muy demandada para su consumo (Marcano Rosas, J., 1979: 239). Hace unos cuantos años, se solía comer guisada en una salsa de piña (Ananas comosus) acompañada del infaltable arroz blanco. Actualmente, en virtud de la caza indiscriminada, esta especie se encuentra prácticamente extinguida, al igual que otras aves de caería como las Perdices (Colinus cristatus) y las Tórtolas (Columbina passerina).
La permanente presencia de estas aves domésticas en los patios o corrales de los sitios de habitación de los campesinos y pescadores insulares ha sido un factor determinante para su inclusión, desde épocas muy anteriores a la actual, en muchas de las manifestaciones culturales de raigambre popular tales como cantos, creencias, cuentos, leyendas y refranes. Al respecto, veamos algunos ejemplos:
En una estrofa del tradicional Polo Margariteño, cuya letra dice “Allá arriba en aquel cerro donde llaman Tingo Tingo”, se alude a las “gallinas que pilan mái (por maíz)”, es decir, son equiparadas con las personas puesto que realizan una actividad propia de los seres humanos. A este respecto, es válido señalar que en algunos mitos, cuentos y leyendas de muchas sociedades negroafricanas de la región sursahariana, se encuentran arraigadas creencias de esta naturaleza según las cuales los animales pueden adquirir apariencia humana y desempeñarse como tal, vale decir, antropomorfizarse.
Otro canto relacionado con la fisiología de esa ave doméstica dice: “Cógeme ese trompo en la uña/ a ver si tataretea…/ la gallina bebe agua,/ yo no sé por qué no mea” (Acosta Saignes, M., 1990: 165).
Son muchas las creencias margariteñas relacionadas con las gallinas. Veamos algunas de ellas: “Si las gallinas conversan pico a pico, la visita es de hembras”. “Si conversan la gallina y el gallo la visita es de hembra y de varón”. “Si son dos gallos que se paran a conversar de frente a frente, seguro que la visita es de muy buena gente”. “Si la gallina se revuelca en el polvo y lo trae a la casa, es fortuna inmediata”. “Si es el Chaure o la Guárala que cantan, es muerte o preñá oculta” Salazar Franco, J.J., 1982: 64-65). En lo que respecta a los cuentos, recordemos el tradicional Cuento del Gallo Pelón.
Los refranes sobre estas aves domésticas también enriquecen el acervo de las manifestaciones culturales insulares. Veamos: “Pollito ¿a quién le pica, si gallina no tiene teta? (Olivares Figueroa, R. Folklore Venezolano, citado por Acosta Saignes, M., Op. Cit.: 172). “Al precio de gallina flaca”. “Casa mezquina donde no canta el gallo sino la gallina”. Como gallina que mira sal” “Como cucaracha en baile de gallinas” “Ojo de lince que gallina no ve de noche”. “O como gallina o muero arponeao”. “Gallina vieja da mejor caldo” (Salazar Franco, J.J., 2015: 11 y ss.). Una de las tradicionales leyendas es la de la Gallina Sacada según la cual esta andaba acompañada con una manada de pollitos deambulando por los caminos pueblerinos y al llegar la media noche aumentaban considerablemente de tamaño (Salazar Franco, 1982: 46).
Además de estas expresiones que recogen importantes aspectos de la sabiduría popular, también eran frecuentes, en los primeros años de la centuria pasada, las representaciones de diversos géneros escénicos realizados en las llamadas veladas líricas. Así, con fecha 4 de marzo de 1906, organizada por “El Centro Paz y Progreso” de la ciudad de La Asunción fue presentada la “chistosa zarzuela, en un acto y en verso, En el buche de una gallina, letra del Dr. Albornoz Lárez” (Subero, J.M., 1977: 112).

Para finalizar, históricamente el gallo ha sido considerado como un referente importante en la tradición cristiana. Recordemos, por ejemplo, cuando San Pedro negó tres veces a Jesucristo que en ese preciso instante cantó un gallo (Juan 18,27). Asimismo, según refiere la tradición cristiana, al momento de nacer el Niño Jesús también cantó un gallo y de allí, entonces, la celebración de la “Misa de Gallo”. Igualmente ocurre con la paloma la cual simboliza al Espíritu Santo y también a la Paz.


FUENTES BIBLIOHEMEROGRÁFICAS CONSULTADAS
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DAUXION LAVAYSSE, Jean J. (1967): Viaje a las Islas de Trinidad, Tobago, Margarita y a diversas partes de Venezuela en la América Meridional. Traducción: Lic. Angelina Lemmo. Caracas: Universidad Central de Venezuela. Serie: “Fuentes Históricas”.
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SALAZAR FRANCO, José Joaquín (2015): Refranero Popular Margariteño (Dimes y Diretes). Tacarigua, Isla de Margarita: Editorial Fundación “Cheguaco”.
SOJO, Juan Pablo (1986): Estudios del Folklore Venezolano. Los Teques: Biblioteca de Autores y Temas Mirandinos..
SUBERO, Jesús Manuel (1977): El Libro de La Asunción. Caracas: Editado por Fundación Cultural Conferry.

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