Porlamar
19 de noviembre de 2018





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El eclipse de los chinos
La actual situación económica arrasó también con los negocios chinos. Poco a poco se han ido quedando sin mercancía que ofertar, y solo se ven estanterías vacías
Carlos Villalba-Luna/ villalbaluna@gmail.com

6 Nov, 2018 | Con el título se conoce un poema humorístico de Aquiles Nazoa, el llamado poeta de las cosas sencillas. Se recrea el bardo en recordar la estampa de los chinos en la vieja Caracas; aquella de los hombres de cachucha y de bastón. Apunta Aquiles que los chinos iban de casa en casa, con un saco al hombro más grande que ellos, recogiendo prendas para lavar, las cuales devolvían más blancas que el propio algodón y que hasta a Blancanieves hacían sentir envidia.

También narra “El Ruiseñor del Catuche” que la estampa de los chinos lavando, planchando, cocinando y comiendo arroz, parecía una postal enviada desde Hong Kong. Se lamenta el poeta, y de ahí la recordación, que al desaparecer las lavanderías de los chinos de Caracas, envió una camisa a una tintorería de venezolanos, y luego de dos semanas de espera, se la enviaron hedionda a jabón, con un hueco en la pechera y de ñapa ni un botón.

Tristemente Aquiles Nazoa falleció en un accidente automovilístico en 1976, y no alcanzó al ver el regreso de los chinos a Venezuela, ahora no como lavanderos, sino como dueños de bodegas, abastos y supermercados. Prácticamente invadieron todos los rincones de nuestra geografía. Ninguna comunidad escapó de sus atiborrados tarantines, principalmente los pueblitos del país.

Sin embargo, la actual situación económica arrasó también con los negocios chinos. Poco a poco se han ido quedando sin mercancía que ofertar, y solo se ven estanterías vacías, y algunas con trompos, bolsitas de pichas, tomacorrientes y botellas de querosén como productos en venta. De aquí de Margarita también se han perdido, como si un segundo eclipse se hubiera cebado en ellos. En su mayoría bajaron las santamarías y agarraron camino a latitudes foráneas, en busca de condiciones favorables para montar sus tiendas.

Otros chinos más circunspectos y mejores vestidos también vinieron, los representantes de la República Popular China, que junto a Cuba y Rusia tienen a Venezuela como su pateadero, y a nosotros de siervos de la gleba, merced a la milmillonaria deuda en dólares y yuanes, a la que nos ha sometido Nicolás Maduro con los préstamos solicitados al “Dragón asiático”, empeñando nuestro petróleo y oro, y eclipsando además nuestro destino como nación.




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