Porlamar
19 de junio de 2019





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Luisa Boadas tiene conexión vital con su Isla
Durante años mantuvo abierto un bazar en la calle Zamora de Porlamar, donde en la actualidad solo alberga sus más preciados recuerdos en forma de objetos disímiles, fotografías y plantas. Desde su mecedora o tras las estanterías del local observa los cambios de la ciudad.
Yanet Escalona | @YanetEscalona

Foto: CORTESÍA

Luisa Boadas conserva un espíritu de gran jovialidad, viendo desde sus espacios vitales el crecimiento de una ciudad que cambia. / Foto: CORTESÍA

12 Dic, 2018 | En una vieja casona de la calle Zamora entre Fraternidad y Fajardo de Porlamar transcurre la existencia de Luisa Boadas, quien desde ese espacio vital ha visto los altibajos de la ciudad marinera, sus épocas de oro y declive, hasta la fecha en que, desde la mecedora o tras las añejas vitrinas, ve el pasar del tiempo.

En este mismo sitio funcionó un bazar donde vendió todo tipo de mercadería, chucherías, pavas (sombreros), papel de regalo, entre muchos otros objetos utilitarios o decorativos. Así como vio florecer el comercio de esta ciudad, ha visto su declive. “ Todos estos pequeños negocios se fueron abajo”, expresa con melancolía. A pesar de ese sentimiento, Luisa Boadas sigue abriendo puntualmente el local, pero ya no para la venta, sino porque es su manera de conectarse con esa ciudad donde echó raíces, desde los 11 años, procedente de su natal San Juan Bautista, municipio Díaz.

Por ello el pasado tiene vida aún en este espacio urbano, donde el tiempo parece inalterable, a merced de los recuerdos patentados entre diversos objetos, plantas, fotografías y adornos que permanecen en las vidrieras y estantes, prácticamente expuestos a modo de colección.

Allí resume su vida y cuando la gente pide precios les informa que “no están a la venta”. Es, simplemente, su espacio a modo de recuerdos, anécdotas y de vivencias que nutren el alma.

DESDE EL BAZAR
En ese rincón también Luisa Boadas ha visto cambiar Porlamar. Desde su infancia, hasta la fecha muchas han sido las transformaciones. De antaño recuerda el viejo mercado a orilla de la playa, el auge y caída tanto de la Zona Franca, como del Puerto Libre. Nada escapa de esa mirada en el tiempo.

A pesar del declive de la actividad comercial, no baja las santamarías. Cada mañana por rutina abre el local y en su mecedora, o tras las bastidores, transcurre su vivencia.
-El comercio ya no es el mismo que antes y tampoco la ciudad, que se ha vuelto insegura. Antes no había tanta sinvergüenzura y aparte de eso hoy todo está caro, y hay que hacer colas para comprar hasta la comida. No estoy para esos agites, agrega. Religiosamente Luisa abre el local a las nueve de la mañana y cierra a las tres de la tarde. “Es cuando me voy para afuera (el fondo de su casa), a cocinar”, señala.

CON LAS PARRANDAS
Considera que el nativo insular es una persona tranquila y a quien también le gusta la parranda, como se evidenciaba en las Navidades de antaño, donde no podía faltar la música.

Entre sus recuerdos, menciona a un personaje popular de su calle, la maestra Isabel María, quien era estricta con los alumnos que recibía en su casa. Cada uno llevaba su pequeña silla de madera para recibir la lección del día, y ella los enseñaba a leer y a escribir.

-Los preparaba y cuando salían de allí iban directo a cursar el tercer grado. Eso sí, era muy estricta.
La recordada Isabel María, hija del también popular Polo González, quien tenía un puesto en el mercado viejo de Porlamar, amaba la parranda y el canto popular.
-Muchos músicos venían desde Brasil (sector de la ciudad), a cantar y a tocar sus instrumentos o a echarse palos. Se armaba la parranda en Navidad. Todos decían “Vamos para que Isabel María”, refiere.
-Si bien era exigente como maestra, y los niños la respetaban, también fue todo un personaje, alegre y cordial, como todos los margariteños. “En época decembrina hacía un hermoso nacimiento (pesebre) y luego venía la música. Era la única parranda que se hacía por aquí”, agrega con cariño.

En 2004, tras el fallecimiento de este popular personaje, llovieron las palabras para elogiar a Isabel María, “por su consagración en cultivar mentes infantiles para la educación y cultura de nuestra región y por su calidad humana llena de matices con su sencillez de espíritu bondadoso”.




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