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21 de marzo de 2019





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Conciencia, convivencia y mundo de la vida
En la compleja y diversa convivencia humana, se dan formas expresivas creadas y recreadas desde lo que se estandariza como buena conciencia, para la aspiración cotidiana de mundo ideal.
José Pino

2 Ene, 2019 | La conciencia tiene ramificaciones internas y externas que, son dinámicas fruto de las vivencias del sujeto, de allí que es necesario plantear que el sujeto aspira elevar esa la conciencia tanto el mundo interior como el exterior, reconociendo su propia esencia.

Así pues, la conciencia de sí mismo, se vincula con las formas expresivas del pensar. De hecho, el pensar crítico reflexivo es pertinente en las diferentes formas de miradas humanas. La conciencia de sí mismo, hace que el sujeto por su propia voluntad, perciba su realidad y acepte sus desavenencias; Nietzsche (2004) manifiesta que “la voz del rebaño continuará resonando dentro de ti y cuando digas “yo ya no tengo la misma conciencia que vosotros, eso será un lamento y un dolor” entonces esa voz del rebaño, estará representada en lo cosificado, instrumental y estandarizado del positivismo.

La voz del rebaño es el alter ego de la mala conciencia que forma parte de lo cotidiano y lo que la gente piensa que no es cotidiano. Por ello, Nietzsche (ob. cit), sentencia que “a los piadosos trasmundanos les he oído decir a su propia conciencia estas sentencias, y, en verdad, sin malicia ni falsía ¡deja que el mundo sea el mundo! ¡No muevas ni un dedo en contra de eso!” En efecto, somos cómplices, protagonistas y coprotagonistas, en difundir mecanismos de dominación para consolidar un gran rebaño, que desde lo local comunitario acelera la desigualdad, excluyendo al sujeto de participación emancipadora, para la transformación social.

La manifestación de participación liberadora del sujeto desde su conciencia corresponde a esa forma ideal, en el cómo tiene que ver con su visión de vida, su manera de construir y edificar una realidad ideal para él y para la participación social, es decir, para el desarrollo humano, que necesariamente tiene que ser un desarrollo sostenible en el ámbito de la convivencia, en la complejidad ambiental, social, económica y cultural.

En la compleja y diversa convivencia humana, se dan formas expresivas creadas y recreadas desde lo que se estandariza como buena conciencia, para la aspiración cotidiana de mundo ideal. No obstante, existe una conciencia fingida para la imposición, dominación y expoliación, enmascarada de progreso social comunitario, que impone las decisiones de orden economicista de rentabilidad del capital por encima de la sustentabilidad y la armonía social comunitaria.

La convivencia humana en el mundo de la vida es conflictiva y compleja, las personas interactúan en la comunidad en una relación dinámica, vulnerables a lo esperado e inesperado del comportamiento humano, relación cinética, constante y permanente donde el tiempo de vida humana, es variable condicionada al temor, miedo, respeto, pero también a la fe y a la esperanza, donde está presente el éxito y el fracaso; por lo que, no se debe visionar el encuentro y desencuentro social de manera positivista en la vida,

El mundo de la vida se constituye en una realidad de convivencia cotidiana, espontánea y natural (cultural), que tiende a una realidad local (social) creada intersubjetivamente, con base en un orden constitucional que regula el comportamiento social, donde se manifiesta la personalidad (subjetiva) que a través de las vivencias convergen en el orden comunicacional, en el discurso basado en el lenguaje y la acción.




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