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17 de agosto de 2019





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Elecciones o represión
Si el gobierno de Maduro no va a elecciones, las opciones que le queda son que las mismas se hagan sin él, en 30 días y con un chavismo en desbandada.
José Antonio Gil Yepes| @joseagilyepes

5 Feb, 2019 | En el artículo anterior planteamos que había dos rutas para resolver el conflicto en Venezuela: La ruta actual, que se inició con la abstención en las elecciones presidenciales del 20-05-18, según la cual no fue reconocido Nicolás Maduro como Presidente por la oposición venezolana ni por decenas de países importantes, quienes tampoco reconocieron su juramentación como Presidente el pasado 10-01-19. La otra ruta era la de ir a votar porque el potencial de votos en contra de Maduro era enorme: 78%.

Si el gobierno de Maduro reconociera que, en el último mes, no ha hecho otra cosa que perder batalla tras batalla, que la iniciativa política ha pasado a manos de la oposición y del gobierno de EE.UU. y que este último –ni la oposición- van a dialogar con él, pareciera que la ruta menos mala es la que le propuso España: regresar a la opción electoral. Bajo este enfoque, el gobierno podría negociar hasta más allá de lo que le ofrece la Ley de Amnistía: discutir la composición del CNE, fecha, observadores extranjeros, manipular las elecciones sembrando candidatos “opositores”, comprar tiempo, etc.

Sin embargo, el pequeño grupo que controla el gobierno, más bien insiste en quedarse y denuncia a la Unión Europea como injerencista. Luce que Maduro no se da cuenta de que la primicia de esta opción se la presentó su aliado, Pedro Sánchez, Presidente del gobierno español; opción que debe haber sido consultada con el socio de su gobierno, Pablo Iglesias (Podemos), ex asesor de su mecenas, Hugo Chávez.

Si el gobierno de Maduro no va a elecciones, las opciones que le queda son que las mismas se hagan sin él, en 30 días y con un chavismo en desbandada; o reprimir para quedarse. Pero esto último equivale a quedarse solamente unos días más porque no soportaría ni la protesta interna ni el agravamiento de las presiones internacionales.

Lo único bueno de que trate de quedarse reprimiendo es que no sólo cambiaría el gobierno de Maduro sino que también se evidenciaría el intervencionismo del castrismo en Venezuela y con ello se aceleraría el cambio de régimen en Cuba también.




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