Porlamar
22 de noviembre de 2019





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Secretos en aguas abiertas
Usa todos y cada uno de los sentidos, saborea el agua salada y siente cómo es diferente cada día, huele el aire salitroso, las algas descompuestas y las sardinas
Alfredo Calvarese

11 Feb, 2019 | El mar es una extensión de Dios, no dudes en extenderte hacia Él y ser un vínculo entre el mar y el cielo. Al pisar el agua y por más acompañado que te encuentres, no te distraigas y tómate un tiempo para pedirle permiso a esa inmensidad y recordarle que vas a integrarte a ella y no a imponerte.

Evita nadar largas distancias solo. Si deseas sumar kilómetros y no tienes compañía repite circuitos cortos cercanos a una playa conocida y avisando a gente amiga del lugar.

Aunque hay diferentes ritmos en cada nadador, no se deja a nadie atrás. Alguien del grupo regresa todas las veces que sean necesarias para no perder de vista a todos los miembros del grupo. Si es numeroso es ideal hacer un conteo e identificarse cada quien con un número antes de salir para que en cada parada en el mar se repita el conteo asegurándose el grupo.

No hay apuros, por más lejana que se encuentre la meta, siempre se llega. Toma consciencia permanente de cada parte de tu cuerpo, siéntelo, corrígelo y que se convierta en tu memoria corporal.

Siente cómo subes los codos mientras rotas el cuerpo, cómo entra la brazada al mar y cómo agarras agua y la lanzas hacia atrás para poder sentir el impulso una y otra vez. No pierdas el ritmo de la patada y no permitas que se hunda tu cadera.

Usa todos y cada uno de los sentidos, saborea el agua salada y siente cómo es diferente cada día, huele el aire salitroso, las algas descompuestas y las sardinas, cómo huele el mar limpio y cristalino a diferencia del mar turbio; siente la temperatura del agua, sus corrientes calientes y frías, siente su fuerza y cómo las olas bajan y suben tu cuerpo, escucha tu respiración, los motores de lanchas lejanas bajo el agua, cómo crujen los corales, escucha el batir de las manos y la patada contra el agua, el chorro de aire cuando exhalas. Llénate del brillo y las estelas de luz.

Sé consciente de cada uno de los azules del mar y del cielo. Concéntrate en tu respiración, dale reposo a tu mente y relájate en ese estado de paz.

Al salir del agua o tal vez cuando llegas y te reposas en la playa date un instante y agradece todos los momentos y las bendiciones recibidas. Nunca pierdas la consciencia de saberte suspendido sobre nuestro planeta azul y siente cómo viajas en la vastedad del universo.




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