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17 de agosto de 2019





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Vamos bien
Nadie hubiese imaginado en el mes de diciembre de 2018 el espectacular vuelco que ha dado la situación política. Maduro creía que se había salido con la suya y se vanagloriaba del supuesto éxito de sus maniobras...
Luis Longart Guerra

12 Feb, 2019 | Vivimos una etapa histórica difícil y compleja, quizás inédita. Luego de la época independentista y la Guerra Federal, según algunos historiadores, nunca se ha vivido tan mal en la patria de Bolívar. Ni siquiera las dictaduras del siglo XIX, Gómez y Pérez Jiménez le habían causado tanto daño al país y a su gente. Esta la historia de un verdadero saqueo y desastre nacional.

Sin embargo, la vocación democrática de los venezolanos de nuevo ha salido a flote.
Nadie hubiese imaginado en el mes de diciembre de 2018 el espectacular vuelco que ha dado la situación política. Maduro creía que se había salido con la suya y se vanagloriaba del supuesto éxito de sus maniobras de lanzar un fraude a través de instituciones ilegitimas como la Constituyente, el Tribunal Supremo de Justicia y el Consejo Nacional Electoral, “que vienen avalando una continuada estafa a la normativa constitucional y un permanente irrespeto a la voluntad de la mayoría de los venezolanos”.

Pero, tal circunstancia, tenía varias fechas para la definición de esta nueva etapa histórica en la recuperación de la democracia y la reconstrucción nacional. Esas fechas eran 5, 10 y 23 de enero de 2019.

El 5 de enero se realizó la elección de Juan Guaidó como Presidente de la Asamblea Nacional, única institución legitima del país y que ha resistido por la valentía y coraje de sus diputados todas las arremetidas del régimen para desconocerla. Los diputados no cobran sus dietas, los agreden, los encarcelan, le niegan el presupuesto y sus empleados pasan penurias, pero ahí está sólido e incólume el digno Parlamento nacional.
Desde entonces, Guaidó, un joven profesional, inteligente y bien asesorado nacional e internacionalmente ha logrado recuperar la credibilidad y la confianza en el cambio, que hoy, más que nunca, es un clamor nacional.

Es la lucha de un pueblo que reúne más del 80% de sus habitantes frente a una camarilla torva y corrupta que pretende mantenerse en el poder por la fuerza de las bayonetas.

El 10 de enero, Maduro pretendió asumir un nuevo mandato y fue desconocido por la comunidad internacional y por la mayoría abrumadora del país
El cerco internacional y nacional se estrecha y la capacidad de maniobra de Maduro es muy poca. Tratar de mantenerse por encima del mundo democrático justificando sus tropelías bajo conceptos como la autodeterminación y la soberanía, que son atributos de los pueblos y no de los regímenes, ya no le sirve, solo le queda la represión pura y dura.
El 23 de enero Guaidó llamó a las calles a conmemorar la gesta del derrocamiento de la dictadura perezjimenista. Millones de venezolanos lo aclamaron como presidente encargado en todos los estados del país en una demostración inequívoca del voluntad popular consagrada en los artículos 5 y 70 de la Constitución Nacional. A partir de entonces más de 80 países reconocen a Guaidó y a Maduro no llegan ni siquiera a 10, entre ellos Cuba, Corea del Norte, Irán, Bielorrusia y otras autocracias.

Ahora luchamos por la ayuda humanitaria. Miles de venezolanos sufren de desnutrición y mueren de mengua en los hospitales. Es urgente y necesaria.
Lo importante es que tenemos una ruta: Cese la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres y transparentes.




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