Porlamar
26 de mayo de 2019





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Nadando colores
Volvemos al mar entre desidia y abandono y el apagón es un motivo para darle color a lo oscuridad. Necesitamos voces que surjan desde esas sombras, que nos recuerden la luz, que alumbren de nuevo las alegrías y las ganas.
Alfredo Calvarese

9 Abr, 2019 | El mar se siente tranquilo desde la orilla pero al cruzar el muelle del Castillo hace sentir su fuerza y justamente eso es lo que buscamos. Ya la tarde termina, es la hora donde el brillo de los colores se hace tan amable a los ojos y alimenta con su belleza la fuerza de nuestras almas, la tarde llama a nadar sus colores. Quién no se enamoró de esta isla a esa hora? El azul intenso del cielo y del mar, las palmeras en la orilla, el sol presto a descansar opacan con su magia y fuerza la ciudad en apariencia tranquila. Una vez más se apaga no solo la ciudad sino el país entero y con ello surgen sentimientos de humillación e impotencia.

Volvemos al mar entre desidia y abandono y el apagón es un motivo para darle color a lo oscuridad. Necesitamos voces que surjan desde esas sombras, que nos recuerden la luz, que alumbren de nuevo las alegrías y las ganas. Pueda que no haya señal ni línea, pero olvidamos a cada instante la línea con el todopoderoso, con lo que realmente rige nuestras vidas, ya no recibimos esa señal y nos hacemos inconscientes, ya no prestamos atención, tal vez por ello hemos perdido tanto.

Esa línea que en algún momento nos regresará al útero universal, porque algún día no estaremos.. Apagamos lo más real que somos. Se apagan a consciencia amores y amigos que creías especiales y el sin sentido te invade, extrañas demasiado. Se apaga una vida, alguien muy especial se nos escapa e intentamos sentir su estela. Apagamos lo más esencial de nosotros mismos y nadie se queja ni lamenta, nadie se desespera.

Cuando toda la luz y el alboroto artificial cesa, el silencio y la oscuridad nos muestran el misterio de la vida y nos aterra descubrir de dónde venimos y lo que somos. Nadamos y no tememos, vamos detrás de los rastros de la creación y la existencia, reímos demasiado porque descubrimos que el único sendero para llegar a ese misterio es la felicidad. Nadamos para integrar océano y cielo por medio de nuestros corazones, instrumento sutil del alma.

Nada ni nadie nos puede quitar esto. Se apagan los criterios y las ideas equivocadas, se apagan las mentiras y los imposibles, ninguna ilusión es eterna, podrán cerrarnos todas las ventanas y puertas, pero basta un resquicio por donde un mínimo rayo de luz se cuele para que en medio de toda la oscuridad se revele lo cierto, la certidumbre recobre su poder.




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