Porlamar
23 de agosto de 2019





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El arte de mantener la calma*
Practicar la calma nos aporta bienestar en medio de la turbulencia, pues ¿qué sentido tiene acudir a ella si nada nos mueve, si nada nos pasa? Como dice un poema oriental: "La calma en medio de la quietud no es verdadera calma".
Dalal El Laden / ladendalal@hotmail.com

8 Abr, 2019 | Sé que no es fácil conservar la calma cuando las circunstancias nos tocan en lo más profundo: estar enfermo (a), sin medicinas, sin agua, sin luz, sin comida, con salarios que están por debajo -vaya el sarcasmo- de los sueldos cubanos y haitianos. Peor aún cuando se tienen niños y adultos mayores que dependen de nuestro cuidado. Y para colmo, con un servicio de Internet inestable que no les permite a los venezolanos comunicarse con sus familiares y a muchos -me incluyo- realizar sus actividades de sustento. La magnitud de esta pesadilla que estamos viviendo en Venezuela solo se puede saber estando aquí, en el ojo del huracán, viviendo cada instante de desespero y extrema incertidumbre. No sabemos cuándo cortan el servicio eléctrico, y aunque suene absurdo decirlo, no tenemos un "cronograma de cortes" que nos permita organizarnos más de lo que ya estamos, ser más precavidos de lo que ya hemos aprendido, "ahorrar tiempo", un imposible desde que comenzamos a hacer colas para comprar los productos básicos, después para acceder al mínimo alimento... ¡Qué ironía necesitar un cronograma de suspensión de servicios para sobrevivir! Y ciertamente, lo que queremos es que esta pesadilla termine. Pero en ese deseo de todos los días, de segundo a segundo, cuando cada fibra de nuestro ser grita ¡Ya basta!, entonces nos agotamos más porque el esfuerzo por mantenernos en pie es inmenso.

Sé que no es fácil, pero ejercitar la calma es más que necesario en estos momentos. No podemos ser ahora los máximos productores de adrenalina, de cortisol -porque estamos enfrentando una amenaza permanente como lo es preservar la vida ante los depredadores-, de tristeza, de enojo, de frustración, pues nuestro cuerpo luego nos pasará factura por ello. Ahora más que nunca son vitales las técnicas de respiración, de meditación, de atención focalizada en tareas y actividades que nos aporten tranquilidad, el contacto con la naturaleza, dejarnos fluir en este río incesante de energías y acontecimientos. Pero cuando se tenga que llorar, hay que hacerlo; cuando se tenga que expresar nuestra molestia, hay que hacerlo, pero sin perjudicarnos a nosotros mismos ni a los demás. No podemos deshacernos de las emociones porque forman parte de nuestra naturaleza, pero sí es fundamental no resbalar en ninguna, dejar que pasen.

Ahora más que nunca es necesario reforzar los lazos de amistad, escuchar para ser escuchados, hablar de lo que sentimos con calma, dosificar los estados internos para que no atenten contra nosotros mismos. Ahora más que nunca es importante expresarle a nuestros seres queridos cuánto los amamos, ahora más que nunca es urgente ser más compasivos y empáticos. Ahora más que nunca es urgente vivir desde la autorreferencialidad.

Practicar la calma nos aporta bienestar en medio de la turbulencia, pues ¿qué sentido tiene acudir a ella si nada nos mueve, si nada nos pasa? Como dice un poema oriental: "La calma en medio de la quietud no es verdadera calma".
Valoremos las técnicas de respiración, la meditación, la comunicación asertiva, la conversación enriquecedora, la fe en que nada permanece estático y en un solo estado, la fe en el Creador, la fe en nosotros, los verdaderos constructores de la realidad, porque -lo digo por experiencia propia- nos ayudan a tener la fortaleza para atravesar la tormenta con la esperanza de un sol refulgente en lo más profundo del alma.

*Texto de Ramelis Velásquez, escritora venezolana.




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