Porlamar
17 de agosto de 2019





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El cubículo vacío de Yanet
Cuando íbamos a las comunidades para conocer sus carencias en los servicios públicos, no pocas de las denuncias recogidas por Yanet eran resueltas por los órganos concernientes.
Arcadio “ Cayito” Millán

12 Abr, 2019 | No sé cuántas veces intenté escribir este artículo, ni las veces que borré textos para tratar de lograr una cohesión de ideas. Y es que la musa la tenía desperdigada, trastocada, pues, quizás por la cantidad de palabras que quería verter acá.

No era para menos, porque para escribir sobre la egregia figura de Yanet Escalona las líneas, las palabras, tienen que tener el sentido correcto como ella solía redactar sus trabajos periodísticos, con lenguaje sencillo, directo que llegara con claridad a la opinión pública.

Su hablar pausado, de tono bajo, contrastaba con la fuerza que le imprimía a sus escritos. Cuando abordaba a un político con preguntas comprometedoras lo hacía con una leve sonrisa como para suavisar el momento y bajarle la tensión al entrevistado.

Una particularidad que poseía Yanet para lograr que su interpelado entrara en confianza consistía en preguntarle por la familia, la situación económica del momento, etc. Cuando consideraba que tenía el control del personaje, se iba directa al grano. Ese método le dio los resultados esperados. Y hasta lograba sacarle información más de lo imaginado.

Los muchos años reporteando con ella me permitió conocer a una periodista de una gran sensibilidad, con mucha querencia por Margarita y su gente.

Era fiel practicante de los principios éticos que la profesión impone a quienes ejercemos lo que García Márquez llamó el mejor oficio del mundo.

Puedo jactarme que Yanet, recién llegada a la isla procedente del eje Acarigua-Araure, dio sus primeros pasos en el periodismo insular llevada de mi mano, gracias a un feliz encuentro con Omar La Cruz, su compañero de vida inseparable.

Fue a las puertas del extinto Banco de los Trabajadores de Venezuela (BTV), en la avenida Santiago Mariño de Porlamar en mayo de 1986. Allí coincidimos Omar y el suscrito. Me preguntó sobre la posibilidad que su entonces novia se insertara en la plantilla de periodistas de Diario del Caribe. Planteé el caso a la directiva del diario y cuando me respondieron en positivo, me comuniqué con Omar.

No pasó una semana para que la novel periodista iniciara labores en esa empresa editorial, donde ocupó el escritorio dejado recién por Eleonora Mata Mirabal, quien renunció para continuar ejerciendo en otra región del país. Fui afortunado en formar llave con Yanet en la cobertura de las fuentes económicas, políticas, poder ejecutivo, legislativo, magisterial.

Ese equipo en pareja se mantuvo por muchos años, hasta que ella en busca de superar etapas, cambio de casa y se instaló en El Sol de Margarita, donde algunos años después me incorporé para continuar la tarea de seguirla acompañando en sus pautas.

Recuerdo las palabras conque me recibió en la vieja sede del periódico en el sector Toporo de El Valle: “ aja pajarito, acá te estaba esperando”.

Sus denuncias y la forma de transmitir a los lectores información verídica, sin desmentidos, le permitió que empleados públicos se constituyeran en sus confidentes ad honorem , aportando datos, que ella luego de corroborar su seriedad y veracidad, sacaba a la luz pública.

Era curioso ver a gobernadores, diputados y otros funcionarios, engavetar documentos expuestos sobre sus escritorios cuando veían a Yanet entrar a sus despachos para evitar que ella leyera su contenido. Aunque muchas fotocopias de esos papeles confidenciales llegaban a manos de Yanet, gracias a sus “dateros”, los que hoy denominan cooperantes.

Los que ejercían el poder político en Nueva Esparta le temían por la contundencia de sus denuncias, su tenacidad y la forma de exponerlas.

Cuando íbamos a las comunidades para conocer sus carencias en los servicios públicos, no pocas de las denuncias recogidas por Yanet eran resueltas por los órganos concernientes.

El seis de agosto de 2018, día que inicio mi segunda etapa en Sol de Margarita, con satisfacción recibo de la directora ejecutiva del periódico, Dany Fuentes, mi primera pauta que me indicaba salir a la calle con Yanet Escalona para cubrir un problema de salud pública en San Lorenzo, municipio Maneiro. Se trataba de un desborde de aguas servidas y los vecinos salieron a la calle a protestar y plantearnos la crítica situación.

A los dos días de la publicación de Yanet Escalona, el alcalde Morel David Rodríguez atendió el reclamo vecinal y solucionó el problema.

Su apego al gremio la llevó a ocupar por ocho años la secretaría general de su querido Colegio Nacional de Periodistas.

Esa impecable trayectoria fue retribuida con la obtención de los más relevantes premios de periodismo, condecoraciones y el más importante: su credibilidad ante la opinión pública.

Ahora su cubículo en la redacción de Sol de Margarita, entre los de Mario Guillén y Martha León, luce vacío, solitario, que dudo sea ocupado por otro u otra colega, porqué desde allí Yanet Escalona Rangel, con sus manos prodigiosas movía el teclado de su computadora para llevar a los lectores información veraz, objetiva, sin cortapisas, pero con clase.




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