Porlamar
26 de mayo de 2019





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La resurrección de una nueva república
De allí, la necesidad de no quedarnos en el dolor de la soledad del Sepulcro, sino que vayamos al encuentro de la necesaria e ineludible resurrección.
José Rodríguez Suniaga | cheitocarobo1957@gmail.com

14 Abr, 2019 | Nos comentaba Doña Elodia que La Semana Santa constituye para quienes militamos en el cristianismo, una instancia donde experimentamos dos sentimientos encontrados: Por un lado, el dolor que representa La Pasión y Muerte de Nuestro Salvador Jesucristo y por el otro, el más importante, la alegría que significa la seguridad de como Él, venció la muerte y resucitó para darnos a todos la salvación y vida eterna.

De allí, la necesidad de no quedarnos en el dolor de la soledad del Sepulcro, sino que vayamos al encuentro de la necesaria e ineludible resurrección.

Que resucitemos con Cristo en una nueva vida inspirada en los valores de la solidaridad, el amor sin límites, la comunión, el diálogo y conciliación entre hermanos, la ayuda y servicio al prójimo y la humildad- que no es lo mismo que sumisión-, que el mismo Jesús nos enseñó.

La crisis generalizada que atraviesa el País nos lleva a la impostergable obligación de juntos enfrentar las adversidades siguiendo y practicando las enseñanzas del Cristo Resucitado; solo así, podríamos vencer a esos modernos Pilatos, Caifás, Escribas, Fariseos y Sumos Sacerdotes, representados en el hambre, en el abismo socio-económico que produce devengar un salario en bolívares y tener que comprar todo en dólares, en la falta de medicina, la diáspora de talentos, en el colapso de los servicios públicos elementales, en la calidad de vida marginal que vivimos.

Y en lo más grave aún, en la odiosa y peligrosa polarización politiquera, protagonizada por dos sectores en disputa: Uno, una gran parte del gobierno penetrado por la corrupción y el autoritarismo y, ahogado en los errores de sus políticas económicas, y otro, un significativo sector de la oposición, desconsiderado, vacío de proyecto, guerrerista, con compromiso foráneo y apátrida . Esos extremismos exacerbados, asfixian y aniquilan nuestra calidad de vida y obstaculizan la creación de un clima de entendimiento nacional.

El llamado pues, es para que aprovechemos esta Semana Santa, reflexionemos y procuremos una verdadera resurrección que signifique la construcción de una sociedad más justa, humanista, igualitaria y profundamente cristiana. Así y solo así, podríamos cantar de la mano del genial Miguel Otero Silva, cuando en su inmortal obra “La Piedra Que Era Cristo” nos invita: … Él ha resucitado y vivirá por siempre en la música del agua, en el color de la rosa, en la risa del niño, en la sabia profunda de la humanidad, en la paz de los pueblos, en la rebelión de los oprimidos… en el amor sin lágrimas…/ Por ahora está bueno, hasta el próximo Zaperoco.




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