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El niño interior
Para nadie es un secreto que el carácter y la personalidad de una persona se forjan en su niñez.
Mónica Tietz monicatietzs@gmail.com

17 Nov, 2019 |La etapa de la niñez, sin duda, es la más importante de todas, porque es la que más impacta en nosotros a lo largo del tiempo. Como les he comentado anteriormente, nuestra vida se ve condicionada incluso antes de ser concebidos, gracias al proyecto sentido que nos otorgan nuestros padres al nacer. Sí, prácticamente somos una hoja en blanco hasta los 3 años.

A partir de allí pasamos de ser un objeto a tener consciencia propia. Sin embargo, no somos individuos totalmente autosuficientes sino hasta cierta edad. Durante ese periodo en el que un niño tiene la capacidad de sentir y pensar por sí mismo, pero sigue siendo dependiente de sus padres para poder comer, vestir y vivir en general, ocurren cosas que pueden llegar a afectar o influir de manera negativa o positiva en su futuro.

Para nadie es un secreto que el carácter y la personalidad de una persona se forjan en su niñez. Por eso, cualquier cosa que nos suceda durante esa etapa y la manera en la que nos trata el entorno, será crucial para entender nuestra manera de pensar y actuar en la adultez.

Algunos recuerdan su periodo de niño con gran nostalgia y quisieran siempre volver a él. Pero, por el contrario, hay quienes odian recordar su pasado y otros que debido a los traumas en la infancia sencillamente han decidido bloquear todas esas memorias. No obstante, todos al final, seguimos teniendo y viviendo con un niño interior.

¿Por qué sucede esto?, ¿cuál es la razón por la que algunos quieren recuperar a su niño y otros odian o rechazan esa idea? Pasar de niño a adulto es un completo shock para el que absolutamente nadie está preparado. Los humanos, de por sí, somos muy susceptibles a los cambios, y éste, en especial, crea un conflicto interior difícil de superar, aunque haya quien diga lo contrario.

Cuando somos niños queremos crecer rápido para poder hacer “cosas de adultos”, y cuando ya somos adultos queremos volver a ser niños. Muchos creen que esto se debe a quesiendo infantes no tenemos que lidiar con ningún tipo de problema ni cumplir con ciertas responsabilidades, y la verdad es que este pensamiento no está muy alejado de la realidad.

Sin embargo, cuando alguien dice que quiere recuperar a su niño interior no se trata de que quiera volver a ser pequeño. Este deseo tiene que ver con rescatar esas capacidades o cualidades que tienen los niños y que como adultos se han tenido que dejar de lado para poder adaptarse al entorno social y familiar.

Cuando nos convertimos en adultos independientes, en pocas palabras: nos toca salir al mundo y hacer lo suficiente para poder vivir. En ese proceso tendemos a centrarnos demasiado en nuestro alrededor y en agradar a todos, menos a nosotros mismos. Esto da paso a múltiples problemas con el ser propio y crea una sensación de vacío e inconformidad con nuestra vida.

Ahora bien, lo que pasa con aquellas personas que no quisieran por nada del mundo volver a recobrar su infancia es que viven con su niño interior sumamente herido. Esto quiere decir, evidentemente, que durante su etapa infantil se vivieron situaciones que llegaron a marcar su vida, como el abuso familiar, escolar o sexual, y que nunca sanaron del todo.

Estas personas arrastran esas heridas hasta su adultez. Lo peor es que no solo sufren ellos mismos por culpa de estas lesiones, sino también aquellos seres que se encuentren cerca: compañeros de trabajo, amigos, familia, pareja y, especialmente, los hijos.

El niño interior herido

Todos tenemos un niño interior que está herido. Sí, todos. Incluso aquellas personas que dicen haber tenido una infancia feliz, con una familia maravillosa y una vida estupenda en general. Todos, ya sea de manera consciente o inconsciente, llevamos cicatrices, algunas más grandes que otras.

Todo comienza en el momento que existimos como un ser vivo dentro del útero de nuestra madre. Desde allí comenzamos a experimentar cualquier cantidad de sensaciones a través de la conexión materna, yestasnos afectan tanto positiva como negativamente. Sí, todo lo que pase entorno a la familia durante esos nueve meses pueden definir por completo la vida de un recién nacido.

Luego viene el parto, un momento de mucha tensión para los padres, sin duda, pero aun más para el bebé, ¿Quién piensa en eso? En el útero hay un pequeño ser que está muy a gusto, y el hecho de que lo quieran sacar de ahí es una experiencia traumática para él.

Claramente, nadie se acuerda del día en que nació, pero si una persona analiza cómo se dieron las circunstancias de su alumbramiento, encontrará cosas que le ayudarían a descifrar el porqué de muchas situaciones actuales en su vida. Este es un tema extenso del que he hablado en varias ocasiones y que siempre reitero porque realmente es muy importante.

Después del parto, el niño depende exclusivamente de sus padres para todo y son éstos los que lo guían y educan conforme a su voluntad, de acuerdo a su imagen y semejanza. Son ellos los que nos dicen cómo debemos actuar y nos inclinan a saber qué es lo bueno y lo malo según sus creencias.

Aun cuando un niño empiece a tener criterio propio y la capacidad para actuar solo, los padres siempre se aseguran de presentarse como la autoridad y de exigir obediencia. Esto no es del todo malo, pero es la razón por la cual a menudo figuran como los culpables de nuestros problemas en la adultez.

¿Son culpables mis padres de lo que soy ahora?

Es cierto, podría decirse que los padres tienen un grado de responsabilidad, pero no podría decirse que es completamente toda su culpa. Quizá ellos hicieron su mejor esfuerzo o pensaban que hacían lo correcto. Es muy probable que ellos siguieran el mismo patrón que sus padres aplicaron con ellos, por lo que realmente no son culpables.

Necesitamos entender a nuestro niño interior y eso no lo vamos a lograr buscando culpables, todo lo contrario. Es necesario que, sin importar lo que hayan hecho tus padres, los perdones de todo corazón y pases la página. Finalmente, gracias a ellos estás hoy aquí y eso es un regalo.

La paz con los padres permite poder tener la oportunidad de conocernos también más a fondo y saber cuál fue nuestra historia durante el embarazo y el parto. Lo que ellos hayan hecho o no en el pasado durante tu niñez, no tiene por qué afectarte en el futuro, igual puedes ser feliz.

Lo que no te hará una persona plena es el no reconocer tus heridas, el no sanarlas y el no perdonar. Eso es sumamente tóxico para el alma. Echarles la culpa a los padres de todo lo malo en nuestras vidas y victimizarse solo refleja inmadurez.

¿Cómo reconocer a un niño interior herido?

Es importante aprender a identificar nuestra herida infantil y cuál es su grado de intensidad. Hay muchas señales conductualesque son muy fáciles de reconocery que delatan a una persona con un niño interior herido.

La codependencia es uno de los principales signos de un niño interior herido. Cuando una persona es codependiente quiere decir que no está conectada con sus propios sentimientos, pensamientos y necesidades, sino con los de otra persona. No sabe quién es ni cuál es su verdadera identidad. Generalmente este desapego personal se da debido a que nunca hubo una satisfacción de las necesidades infantiles.

Estas personas suelen llegar a tener actitudes ofensivas y muy violentas. Cuando es así, es común que la herida se presente gracias a un trauma por abuso físico. Esto genera inseguridad, miedo y conflictos de identidad. A menudo, en estos casos, quien es abusado termina siendo un futuro abusador.

Se reconoce a un individuo con un niño interior herido cuando este es un completo narcisista. Los narcisistas son personas que necesitan sentirse amados por todos y quieren la atención del mundo siempre sobre ellos a toda costa, para lo cual buscan ser personajes famosos y tener mucho dinero.

El perfil de un niño interior herido es bastante amplio, pero, en resumen, son personas de baja autoestima, que no se conocen a sí mismos y se engañan solos, con tendencias suicidas y depresivas, que no confían en nadie, con mucha ira, que tienen muy poca o demasiada disciplina y que no pueden tener una relación estable.

¿La clave?: el equilibrio

Convertirse en adultos es un gran choque, tener que madurar y volverse responsables no es nada sencillo una vez que lo afrontamos. Pero, aunque duela, tenemos que aceptar que así es el curso de la vida, tenemos que crecer y de alguna manera dejar atrás las acciones y actitudes infantiles.

Sin embargo, pienso que es de gran importancia que siempre tengamos presentes a nuestro niño interior, sin heridas, por supuesto. ¿Por qué lo recomiendo?, porque, principalmente, los extremos son malos, es necesario que haya equilibrio y contraste en la vida; y porque no se puede ser siempre un niño, pero tampoco nos podemos volver adultos para la eternidad.

No se trata de actuar de manera infantil y despreocupada, se trata de aprovechar las cualidades que tiene tu niño para afrontar situaciones diarias. Ejemplos: usar la creatividad para resolver un problema de una manera más práctica, ser más dinámico al realizar tu trabajo, tener la capacidad de perdonar las ofensas al minuto, pedir ayuda a los otros y no tener prejuicios.

¿Cuándo ser niño y cuándo ser adulto?, poco a poco irás viendo en qué momentos es conveniente cambiar tu actitud de niño a adulto y viceversa.

Mi experiencia personal

Recuerdo mi infancia con mucho cariño y hoy abrazo a esa niña asuntina inocente con gran amor. Como todos, tengo mis heridas, mis traumas y mis miedos, pues a pesar de que fui feliz, crecí bajo ese estigma social de que las mujeres no podían hacer ciertas cosas, simplemente por el hecho de ser mujer. Siento que eso me reprimió mucho, por mucho tiempo. El qué dirán, los chismes y las habladurías fueron cosas con las que luché para superar.

Cuando migré de Venezuela muchas cosas me afectaban, el periodo de adaptación fue largo. Tuve que adecuarme a nuevas costumbres, nueva comida, un clima distinto y al estar lejos de mi isla y mis seres queridos. No obstante, me tocó ser fuerte, ponerme mi traje de adulta y dejar de lado por un rato a la niña interior que solo quería quejarse y llorar.

Cuando empecé a practicar la bioneuroemoción como estilo de vida, no solo me encontré y sané a mi niño interior herido, también entendí que cada uno de mis procesos durante la infancia fueron necesarios para hacerme lo que soy hoy. Estoy orgullosa de la adulta en la que me he convertido y en la niña que sigo siendo.

Cierro con esta reflexiva frase: “Nunca es tarde para tener una infancia feliz”, Ben Furman.




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